Historia

El «Pacto de Boiso Lanza» el resultado de los sucesos de febrero de 1973.

Miguel Lagrotta

En los comunicados realizados por los mandos rebeldes insubordinados, y viendo los apenas dos centenares de personas congregadas ante el llamamiento del presidente Bordaberry para defender la democracia, las interpretaciones de lo que estaba sucediendo era por lo menos confusa. En la madrugada del 9 de febrero se inician conversaciones entre el sistema político, no todo, y los mandos con el objetivo de formar un gobierno provisorio y enseguida llamar a nuevas elecciones. La central de trabajadores (CNT) también inicia conversaciones entre gremios y con los mandos. Desde 1964 había una pauta escrita de que en caso de Golpe de Estado se iría a la huelga general. El comunicado número 7 tenía algunos aspectos que eran similares a la plataforma de la izquierda como: «la tierra para quién la trabaje o redistribución de la tierra» y otros totalmente vinculados a la doctrina de Seguridad Nacional. Acá parte de la izquierda, el partido Comunista y su vocero el diario «El Popular» ve una veta nacionalista peruanista en los militares y surge un apoyo inicial a los comunicados.

En forma paralela el Frente Amplio de reciente creación realizaba un gran acto de masas en la vía pública y allí se plantea una consigna ambigua sosteniendo que el problema era entre el pueblo y la oligarquía. En dicho acto el General Líber Seregni solicita a viva voz la renuncia del presidente Bordaberry y convoca desde el mismo acto a una consulta popular. La evolución fue distinta, ni los militares eran peruanistas, ni el presidente Bordaberry renunció. Se produce un acuerdo entre él y los mandos militares. La realidad era que la suma de errores, la pérdida de valores democráticos, la prisión del Dr. Jorge Batlle, el protagonismo militar y el aislamiento político absoluto de Bordaberry llevan al denominado «Pacto de Boiso Lanza» donde el presidente pasará a tener funciones administrativas, políticas y de representación. Se crea el «Consejo de Seguridad Nacional (COSENA) donde van a convivir el presidente y sus ministros, los comandantes en jefe de las tres armas y el jefe del Estado Mayor Conjunto. Para el embajador de los Estados Unidos, Charles Adair se había consumado un golpe de Estado «soft» y se había instaurado un cogobierno civil y militar que ahora si no dudaría de dar los pasos antidemocráticos que fueran imprescindibles. La verdad es que el poder ahora gravitaba en las Fuerzas Armadas que, derrotada la guerrilla, ven ahora en el sistema político las trabas a los planes de desarrollo nacional sostenido en la doctrina de la seguridad. En manera simultánea a estos hechos ocurrían paros, actos políticos callejeros, ocupaciones y movilización creciente del sindicalismo que reclama cambios en el sistema económico y siempre exigiendo la renuncia del presidente como llave para solucionar los problemas populares. Todo tiene un proceso y un desarrollo a partir del 9 de febrero donde realmente se produjo el golpe. Al día siguiente 10 de Febrero 1973 Luego de que los comunicados 4 y 7 fueran presentados a la ciudadanía, el Comité Central del Partido Comunista emitió una declaración en el que aseguraba que el rechazo explícito al marxismo manifestado por los golpistas, «no invalidan en lo más mínimo la apreciación positiva de esos documentos programático, y más generalmente, de la postura que adoptan las Fuerzas Armadas. Sin duda, los hechos ocurridos en estos días han asestado un duro golpe a la política pachequista y el país atraviesa un momento que, mirado en la perspectiva histórica, tiene un signo positivo.» Además, el diario “El Popular” -asociado al PCU- publicaría un artículo ratificando su apoyo a los ya mencionados comunicados: «El país necesita cambios, el pueblo quiere cambios. Nosotros hemos dicho que el problema no es el dilema entre el poder civil y el poder militar; que la línea divisoria es entre oligarquía y pueblo, y que dentro de éste caben indudablemente todos los militares patriotas que estén con la causa del pueblo, para terminar con el dominio de la rosca oligárquica». El 11 de febrero 1973.  El presidente Bordaberry se dirige a la base militar Boiso Lanza donde se iba a reunir con los comandantes, en donde terminan acordando que las Fuerzas Armadas iban a reconocer a las instituciones y respeto a la institucionalidad solamente si las Fuerzas Armadas eran reincorporadas a la estructura del gobierno. También se crea un Consejo Nacional de Seguridad, además de nuevas políticas a la hora de nombrar cargos en los entes públicos, sacar a determinadas personas del cuerpo diplomático. Siendo conocido este momento como el pacto de Boiso Lanza. El 12 de febrero 1973 dos días después de la reunión Bordaberry ratifica los acuerdos logrados a partir de los comunicados 4 y 7, y de esta manera se termina la tensión de manera provisoria, hasta el 27 de junio del mismo año, cuando se disuelven las cámaras.

Ver: Sanguinetti, J. ¿Qué pasó en febrero? A cincuenta años del golpe de estado. Montevideo 2023.

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