Política Internacional

Finlandia; aliado 31º de la OTAN

Lorenzo Aguirre

La adhesión de Finlandia a la “Organización del Tratado del Atlántico Norte” (“OTAN”), el pasado mes de abril – fecha histórica marcando el 74º aniversario de dicho bloque –, estableció oficialmente ser miembro número 31. La incorporación del país nórdico a la corporación de referencia, fue uno de los temas más incisivos y debatidos en relación a las presidenciales de aquel 2006, pero, ahora, la invasión rusa a Ucrania fue el disparo para que, Finlandia, que comparte más de mil trescientos quilómetros de frontera con Rusia – dichos límites se duplicaron –, ingresara a la Alianza Atlántica.

El gasto militar en Europa creció un cuatro por ciento dentro de una proyección casi a niveles de la Guerra Fría – durante cuarenta años, llegó a acciones desenfrenadas, para más tarde, con la caída del Muro de Berlín, y la desintegración de la Unión Soviética, comenzó un proceso de reducción -, tal es así, que, los números para defensa, pasan los trescientos cincuenta mil millones de euros, con un sostenido y alocado incremento del treinta y seis por ciento por parte de Finlandia, la cual ocupa la primera posición, seguido por Países Bajos, con un trece porcentual, y más atrás Bélgica, con doce por ciento, mientras con diez puntos aparecen los países de la Europa Oriental, como Rumanía, y República Checa.

Desde el año dos mil nueve, Rusia ha manifestado que, la incorporación de Finlandia a la “Organización del Tratado del Atlántico Norte” tendría repercusiones en las relaciones, y apenas llegó oficialmente la “Carta de Adhesión”, Sergey Alexandrovich Markov – enviado personal del autócrata Vladímir Putin -, acusó a Finlandia de “ruso fobia”, dejando entrever que, dicha comunión, podría convertirse en un elemento desencadenante de la Tercera Guerra Mundial.

Las últimas manifestaciones del Kremlin, fueron: “en caso de despliegue de soldados por parte de otros miembros de la “Organización del Tratado del Atlántico Norte”, en territorio finlandés, tomaremos otras medidas para garantizar la seguridad militar”.

En forma paralela, el viceministro ruso de Relaciones Exteriores, Alexander Grushko, dijo en Moscú que, Rusia, reforzará su presencia militar en el noroeste, como respuesta a la adhesión de Finlandia a la “OTAN”, y a dicha manifestación se sumó ira, pues, el nuevo país miembro del bloque, adelantó que estregará a Ucrania, modernos tanques.

Asimismo, a las expresiones de Grushko, el también portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, señaló: “la unión de Finlandia a la “Organización del Tratado del Atlántico Norte”, es una verdadera e inaceptable violación a nuestra seguridad, e intereses nacionales”.

Es oportuno destacar que, durante la Segunda Guerra Mundial, Finlandia perdió más del diez por ciento de su territorio, a manos de los soviéticos, pero, sin embargo, más tarde, no redujo las inversiones en su Ejército, las cuales potenciara luego de la Guerra Fría, y fue uno de los países más importantes en proporcionar fuerzas de mantenimiento de la paz, a las misiones de Afganistán, y Kosovo,

La “Organización del Tratado del Atlántico Norte” – principal potencia militar del mundo –, fundada en 1949 para defender a sus integrantes, vinculando la seguridad de Estados Unidos con los aliados europeos contra la entonces Unión Soviética, había rechazado el ingreso de Finlandia, debido a que, el Artículo Nº 10 del “Tratado de Washington”, estipula: “para ser miembro del bloque, se necesita la aprobación por unanimidad de los integrantes”, y Turquía había vetado la propuesta.

Sin embargo, la incorporación de Finlandia fue el trámite más rápido en la historia de la “OTAN”; la solicitud se presentó en mayo de 2022, al igual que Suecia, pero este país fue vetado también por el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, pues, Ankara, había demandado de Suecia, la extradición de disidentes kurdos acusados de apoyar el terrorismo, pero los tribunales de Estocolmo detuvieron las extradiciones.

Esto, enojó al presidente Recep Tyyip Erdogan, mientras que, Hungría, frenó el ingreso de Suecia, por haber cuestionado el estado de derecho y la democracia, en el país gobernado por el ultraderechista Viktor Orbán, líder de “Fidesz – Unión Cívica Húngara” – conservadurismo nacionalista, euroescepticismo, y populismo de derecha -, partido que goza de mayoría legislativa en los diecinueve condados, en veinte de veintitrés de los urbanos, y en el ayuntamiento de Budapest.

¡Uno para todos, y todos para uno!

Son 31 los “mosqueteros” alineados en la mencionada Alianza Atlántica, y si uno de ellos es atacado, los otros están obligados a salir en su defensa, según reza el artículo 5 del “Tratado del Atlántico Norte” – más allá por supuesto que, los integrantes tienen otros compromisos, como por ejemplo aumentar el gasto militar en un 2% del PIB -, el cual se pone en acción debido a la amenaza de Rusia, convertida en la más importante y directa, para la seguridad de los aliados.

Sin lugar a dudas quedó claro que, el presidente Vladímir Putin tiene como objetivo desestabilizar los países del Este, y que la invasión a Ucrania busca también detener la expansión de la “Organización del Tratado del Atlántico Norte”. En consecuencia, debilitar la unidad occidental, pero, la adhesión de Finlandia se transformó en fuerte revés estratégico, dejando a Rusia, aislada de las puertas costeras a San Petersburgo, “ventana” a Occidente, y centro comercial, económico, e industrial.

La incorporación al bloque por parte de Finlandia – quebrando la política de no alineamiento, y estimulando en buena medida una sostenida tensión en la zona báltica -, significa para el autócrata ruso, una verdadera traición, porque, Finlandia, dejó de ser territorio neutral, pasando potencialmente, a enemigo.

El poder y la influencia de Rusia poco a poco se transforma en una pálida imagen de la ex Unión Soviética, pero, si el mundo occidental y sus democracias no están entrelazadas para afrontar las amenazas, Rusia podría en cierta forma desequilibrar la seguridad europea, intimidarla, y como otrora, poner en práctica un chantaje para nada sutil.

El autócrata. se ha comparado con el Zar Pedro “El Grande”, chaval de la dinastía Románov que fundó San Petersburgo, convirtiéndola en capital, y se mandó una cruzadita invadiendo Suecia, además de ocupar Finlandia, Estonia, y Letonia.

Pero, para Putin, “el Zar no se apoderaba, sino recuperaba lo propio”, célebre frase que complementaría con, “ahora, es nuestra responsabilidad retomar y fortalecer”.

Sería bueno recordar que, Pedro “El Grande”, quería controlar el Mar Negro, pero para eso tenía que expulsar a los tártaros, y entonces, mediante un acuerdo con Polonia – que cedía Kiev, a Rusia -, lucharía contra Crimea, y el sultán otomano.

Los tiempos cambiaron, pero lo psicópatas siguen teniendo las mismas “virtudes”, y a esta altura no podemos tener dudas que, Putin, es uno de ellos.   

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