Política nacional

Quiero ese coloradismo

Diego Martínez

El 6 de mayo de 1817, fuerzas orientales al mando de Fructuoso Rivera, derrotan en Toledo a fuerzas portuguesas invasoras al mando del Brigadier Bernardo da Silveira. Habían salido desde Montevideo en búsqueda de víveres y forraje.

Apostado en una altura, Artigas presencia todas las acciones. A continuación designa a Fructuoso Rivera como Comandante General del Ejército del Sur.

Varios oficiales se entrevistaron con el jefe oriental para hacerle saber su discrepancia con dicha designación, al tiempo que le expresaron cuestionamientos a la conducción de la guerra que venía realizando. Luego abandonaron a Artigas y se retiraron a territorio argentino. Entre ellos, Rufino Bauzá, Manuel e Ignacio Oribe.

Fructuoso Rivera permaneció a las órdenes de Artigas hasta que el Jefe de los orientales se retiró definitivamente al Paraguay.

Puede hablarse ya a partir de este episodio –tan poco conocido como trascendente- del surgimiento de dos partidos, desde que la unidad oriental se partió en dos visiones o criterios sobre cómo proyectar el destino de la patria.

Uno, el de los idos, que continuará gestando su visión de país en el modelo virreinal, absolutista, de liderazgo porteño.

El otro, resuelto a permanecer y resistir la opresión del invasor, irá generando una matriz republicana y liberal.  En los fogones riveristas, desde ese mayo de 1817, estará presente el sentimiento profundo de “la soberanía particular de los pueblos”. De una u otra forma, la patria. Sólo posible si se alcanzaba la libertad.

La conquista de las Misiones en 1828, sumó un nuevo capítulo en la construcción de esa original matriz partidaria, por la rebeldía y a la vez la visión geopolítica de la gesta.

En setiembre de 1836 -batalla de Carpintería- ese partido en evolución decide la identificación de sus integrantes con el color del forro de los ponchos riveristas. Sentirse pues, integrante de esa visión partida, significará en adelante ser colorado.

Noviembre de 1838 marca un momento fundamental para el coloradismo naciente. La dramática relación entre poder estatal y libertad, es resuelta por Rivera a favor de la segunda. Como Presidente de la República renuncia a cualquier tipo de acción contra quienes le ataquen por la prensa. La libertad por encima y por delante de todo.

En diciembre de 1839, Rivera derrota al ejército invasor argentino. Surge allí triunfante la visión de estado independiente, con habitantes en pleno goce de sus derechos y libertades.

En adelante, esa inicial visión libertaria y republicana, se enriquecerá con nuevas construcciones. Llegarán la de José Batlle y Ordóñez con la creación del diario “El Día” y la construcción de un “país modelo”, también  la de Luis Batlle Berres con su política industrializadora.

Gestos fundamentales desde lo personal, enriquecerán –a lo largo del devenir histórico- el activo ético del coloradismo. Baltasar Brum, ante el golpe de Estado de Terra en 1933, se parte el corazón de un balazo “para que la dictadura dure menos”.  Jorge Sapelli, el 1º de marzo de 1977, en plena dictadura, devuelve a las autoridades coloradas su cargo de vicepresidente de la república, al cumplirse el mandato para el que fue elegido democráticamente. Manuel Flores Mora, meses antes de morir, publica en 1984 la secreta autopsia del asesinado médico Vladimir Roslik lo que determinó el fin de la tortura política en el Uruguay.

En 1994, un acuerdo político habilita el apoyo al Partido Colorado del popular dirigente Hugo Batalla. Alejado del mismo desde la década del sesenta, será el vicepresidente de la república desde el año siguiente.

Hoy el coloradismo necesita gestos y decisiones que reactiven ese carácter emocional respecto a la política y al compromiso con las instituciones y valores.

Hacerlo, dará cuenta a propios y extraños, que la vitalidad épica y ética animadora de su camino está latente. Alguien debe gritar para que se escuche bien que quiere ese coloradismo.

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