cronicas parlamentarias

Se analiza un proyecto de ley

sobre educación emocional

para controlar la impulsividad

El 14 de agosto de2023 asistió a la Comisión de Educación y Cultura del Senado, el grupo de trabajo por la Educación Emocional de la ONG Otras Manos, integrada por Albana Sanz, Edgardo Ettlin, Enrique Morrone, Magela Grisoni, Virginia Rial, Pamela Martínez y Néstor Garibaldi, quienes van a presentar el anteproyecto sobre Educación Emocional. En Uruguay hay 150 mil niños que crecen debajo de la línea de la pobreza. El 90% de los maestros consultados pide una mayor formación; un 5% revela haberse formado en el MEC y otro 5% en línea por internet y a sola voluntad. El MEC cuenta con un proyecto llamado Profuturo y pertenece a la actividad privada: si desarrollador es de la Fundación Telefónica. El rol de esta actividad pasa por cuestionarse ¿qué se entiende por regulación emocional? Para la doctrina más recibida es intentar entender que se puede estar enfadado con alguien, pero también se puede aprender la dominación personal que antes de dar un puñetazo, actuando desde la impulsividad, existe la alternativa de la racionalidad.

SEÑOR ETTLIN.- Cuando comencé, a pedido de algunos de los aquí presentes, a aportar mi experiencia en la redacción de este anteproyecto, lo hice como un trabajo de gimnasia intelectual jurídica. Créanme que fui el primer sorprendido cuando detrás de este anteproyecto espontáneamente se reunió todo un grupo de gente de las más diversas actividades del quehacer nacional e internacional para apoyarlo como una propuesta ciudadana. Cuando uno empieza a ver todas las personas que se van involucrando en este tema, constata que cada vez tienen más interés en formarse y aprender sobre educación emocional, por lo que no pude hacer otra cosa que involucrarme. Por lo tanto, estoy aquí en nombre de estas personas.

En cuanto a la propuesta, la presentamos en una carpeta, pero también la tenemos en formato digital. Nuestro propósito e interés es que la educación emocional sea tenida en cuenta en el diseño marco de la ley de educación. Nosotros aprovechamos la Ley General de Educación como herramienta jurídica que ya está en vigencia para hacerle algunos pequeños ajustes que intentan contemplar la necesidad o la inquietud de muchos operadores de la docencia que sienten que el actual marco normativo vigente no les da un respaldo, un régimen jurídico o una estructura jurídica para seguir trabajando en este tema.

En realidad, la educación emocional es un tema que hace ya treinta años que se viene trabajando en diversas áreas de la educación pública y privada. Nosotros solo estamos aportando un poco más para tratar de que tenga la consagración que merece en la legislación.

SEÑORA SANZ.- Hemos podido recabar muchísima información y evidencia a través de diversas investigaciones que dan cuenta de cómo, si nosotros aplicamos programas de actividades de educación emocional desde un enfoque pedagógico, preventivo y transversal, estos comportamientos tienden a disminuir.

Actualmente, he terminado una tesis doctoral que tiene como antecedente un trabajo que se realizó en cuarenta escuelas del Uruguay en el 2019. Hemos capacitado a más de ochocientos maestros, profesores y educadores y hemos aplicado este conjunto de actividades, que son planificaciones que hacemos diariamente en la escuela y tienen un objetivo, un desarrollo y una evaluación; además, están incluidas dentro de un paradigma pedagógico que se ha validado. Por eso hemos podido observar que, en la medida en que íbamos aplicando estos programas, había determinados comportamientos de riesgo, como  dije anteriormente, que iban disminuyendo.

En esta tesis doctoral que he finalizado, trabajé concretamente en un estudio de casos, como la Escuela n.º 350 de Unidad Casavalle. Nací y crecí en ese barrio, en los Palomares del Barrio Borro; estoy aquí gracias también a la educación y he traído tres gráficas que muestran los resultados de la investigación.

Lo primero que hicimos fue formar a los maestros y, antes de esto, les preguntamos a los docentes qué era lo que necesitaban para que el aspecto emocional y social estuviera incluido en las aulas. El 90 % nos dijo: «Formación y formación».

Otro 10 % dice haberse formado entre un 5% en lo que ve en Internet y otro 5% en  actividades que realiza el MEC con un proyecto que se llama Profuturo y es de Fundación Telefónica. Un 5% hace esa capacitación, así que hemos decidido capacitar a toda la escuela durante dos años. El año pasado comenzamos a aplicar a esos alumnos estas actividades para las cuales los profesores ya estaban capacitados previamente.

Una de las cosas importantes que hemos recogido de una evaluación diagnóstica ha sido la preocupación que tenían los docentes por lo que vivían diariamente en la escuela, que eran cuatro variables dependientes fundamentales de esta investigación: la primera, la violencia que había en las aulas; la segunda, la tristeza que veían reflejada en los alumnos, tristeza-apatía, porque muchos de ellos decían que sentaban a los niños y se quedaban ahí, les preguntaban qué les pasaba y no sabían decir concretamente qué era lo que les ocurría; la tercera, eran las inasistencias a clase y la cuarta, la convivencia entre los niños, el clima educativo que, en definitiva, redundaría en beneficio de los aprendizajes adquiridos.

He tomado estas cuatro variables y he diseñado un trabajo de investigación concretamente con esta realidad. He evaluado previamente a los alumnos sobre sus competencias emocionales, el conocimiento de sus emociones y su regulación. Cuando hablo de regulación me refiero a si eran capaces de saber que estaban enfadados –efectivamente, la mayoría de los niños reconocieron que lo estaban–, y un 30% reconoció que es capaz de regularse. ¿Qué entendemos por regulación emocional? Es intentar entender que yo puedo estar enfadado con alguien, pero puedo aprender a parar antes de dar el puñetazo, de actuar desde la impulsividad. Todo esto que estoy diciendo es algo que lamentablemente está pasando en muchos centros educativos. Como ya mencioné, la cuarta variable era lo que tiene que ver con el clima educativo de la escuela, si era o no beneficioso para el aprendizaje.

Estoy explicando un poco esta investigación para que tengamos el contexto de los resultados. Durante todo el año escolar, los docentes nos fueron enviando todas las semanas, gracias a la figura de las maestras comunitarias, unos cuestionarios donde decían qué tipo de violencia había, si era física, si era agresiva, si traían algún tipo de objeto a la escuela, dónde tenía lugar la agresión, si era en los pasillos, a la entrada, a la salida o en la propia aula, cuántos niños había tristes, cuántos faltaban y, en definitiva, cómo era el nivel de aprendizaje que tenían los alumnos.

He recibido semanalmente estos reportes por parte del colectivo docente de la Escuela n.º 350. Con los datos de inicio sobre la evaluación de las habilidades de los alumnos, hicimos el registro de cómo estaban los alumnos. Cuando terminamos la evaluación les preguntamos a los alumnos qué tal consideraban las actividades ellos, que eran los propios actores de haber recibido estas actividades. El 90 % dijo que las consideraba útiles para su propia vida, que les habían servido, que muchas los habían ayudado a no continuar autolesionándose.

Entonces, terminada la evaluación, recogimos algunos insumos –pido disculpas porque las gráficas no se ven muy bien– y, como pueden observar, hay tres variables: una de ellas tiene que ver con la agresividad, otra con las inasistencias y la tercera, con la tristeza. Observen cómo hemos comenzado y cómo hemos acabado. La variable que más refleja la modificación del comportamiento es la de la agresividad, que ha bajado sustancialmente.

En definitiva, para terminar el concepto vinculado a las gráficas, si bien es una escuela y una investigación muy humilde –sobre esta se pueden hacer otras investigaciones– que también podrá tener algunos errores porque soy una investigadora incipiente en el área, de alguna manera queremos mostrar que hemos tenido en cuenta lo que necesitaban los maestros y la comunidad y pudimos ver resultados.

Aquí hay resultados porque sabemos concretamente que la ecuación es fácil. Un niño que falta a la escuela no aprende y, por lo tanto, se siente tocado en su autoestima, lo que en el fondo provoca que termine desertando del sistema público. Podemos comprobar que existe un recurso válido para las inasistencias.

Por otra parte, en cuanto a la disminución de la tristeza, si bien no ha tenido una repercusión tan importante como la de la agresividad, también vemos que ha mejorado. A su vez, el clima del aula también ha mejorado. Cada una de estas gráficas tiene una tendencia favorable a la baja. ¿Qué quiero decir con esto? Consideramos que, si continuamos trabajando con estos programas de forma paralela a las actividades académicas, con profesores formados y un paradigma validado, podemos generar cambios en la sociedad, tal como ha sucedido en catorce países de América Latina que están implementando estas actividades poco a poco.

SEÑOR ETTLIN.- En nombre de este grupo quiero agregar que, teniendo en cuenta el interés ciudadano que existe en este tema y los resultados que se están viendo no solo aquí sino también en otros países, aspiramos a que el tema tome estado parlamentario y que sea sometido a debate. No pretendemos que nuestra propuesta sea sancionada literalmente tal como está planteada; puede haber aspectos discutibles, sujetos a intercambio o a dos bibliotecas. Ya estuvimos hablando de esos temas, pero se lo dejamos a ustedes que, como legítimos representantes de la nación, tienen la última palabra en materia de leyes.

SEÑORA MARTÍNEZ.- La organización Ombijam trabaja en contexto de vulnerabilidad. Durante ocho años trabajó con personas privadas de libertad y actualmente, en la reinserción de los egresados y sus familias, lo que hace que estemos trabajando con la infancia. El 50 % de  los integrantes de la organización son niños, niñas y adolescentes.

Venimos trabajando con estas herramientas, con estas competencias emocionales tanto dentro como fuera de la cárcel. Hemos comprobado en estos contextos que los adultos y los niños también mejoran, hacen que resuelvan sus problemas de manera pacífica, poco a poco van transformando su conciencia y pueden empezar a valorar algunas oportunidades. Hablamos mucho de la reinserción, del tema laboral, pero si no tenemos las herramientas para sostener, después, los procesos laborales o cualquier otra oportunidad de estudio, el proyecto se cae y se pincha.

Me tomé el atrevimiento de traer algunos datos que ha planteado la diputada Cristina Lustemberg en relación con su proyecto de preinfancia, infancia y adolescencia que, según tengo entendido, fue aprobado por unanimidad. Ella dice que si bien la violencia está atravesada por todos los sectores sociales, indudablemente los candiles de pobreza son un caldo de cultivo muy importante que trae aparejado, además, todo el tema de la seguridad. En el informe dice que en Uruguay hay aproximadamente 150.000 niños que están creciendo en la línea de pobreza –con las dificultades de las que hablaba recién Albana Sanz– y que, por semana, los educadores están recibiendo 30 niños con trastornos del aprendizaje, no por sus condiciones netamente cognitivas que pueden partir de la desnutrición, falta de alimentación –pues también hay inseguridad alimenticia–, sino por la violencia que se vive en esos contextos.

Estoy convencida, por el trabajo que hace Ombijam tanto en territorio como en situaciones de vulnerabilidad, de que la educación emocional es un salvavidas para esta infancia y para sus familias. También lo estoy por ser una mujer que, cuando fui niña, estuve en esa situación, debajo de los niveles de pobreza; yo estuve en esos números, por ser hija de una mujer que fue niña y estuvo por debajo de esa línea de pobreza, y por ser nieta de una mujer que también fue una niña que estuvo en esa línea de pobreza.

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