El debate técnico que olvidó delinear el futuro de nuestra nación
David Auris Villegas
En un raro país llamado Perú, donde habitan más mujeres que varones, de los doce debatientes técnicos, solo una fue mujer. La pregunta surge de inmediato: ¿dónde están ellas? ¿Acaso solo los hombres saben gobernar y solo ellos pueden liderar el destino del país? Este hecho reflejó una primera limitación de un encuentro que pudo convertirse en una oportunidad para presentar propuestas de desarrollo, pero que terminó dejando más dudas que certezas entre los votantes.
La discusión técnica realizada el pasado 24 de mayo de 2026, previa a las elecciones presidenciales de segunda vuelta que se llevarán a cabo el 7 de junio entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, que definirá el destino de nuestro país, dejó la impresión de un encuentro sin visión de futuro. En lugar de plantear propuestas específicas y factibles que honraran la condición de técnicos de los participantes, muchos se dejaron llevar por el discurso político y prefirieron los diagnósticos generales, las críticas y las confrontaciones partidarias. También se percibió una preocupante ausencia de profundidad técnica, respaldo científico y capacidad argumentativa en varios expositores.
Lo más alarmante fue que, tratándose de técnicos e investigadores y conocedores de la tendencia global y de que es clave el liderazgo, se observó la falta de iniciativas estratégicas destinadas a transformar el Perú mediante la educación, la ciencia, la inteligencia artificial, la creatividad y la innovación, tal como lo han hecho diversas naciones asiáticas y otros países desarrollados en tan corto tiempo como China. Con las legendarias ideas de visionario, Deng Xiaoping apostó por desarrollar el talento y capital humano en base a la educación, la investigación, la ciencia, la tecnología y la innovación que hoy da frutos globales que los ha llevado a coliderar el planeta.
Aunque no seamos China, es tiempo de empezar a revolucionar la educación centrada en desarrollar el talento humano. Este elemento poderoso llamado educación no fue abordado sin relacionarlo con el desarrollo del capital humano y la competitividad global. La polarización política limitó el diálogo democrático y la construcción de consensos para un futuro próspero. Asimismo, faltaron propuestas sólidas para fortalecer el agro, mejorar la infraestructura, impulsar la economía y garantizar una salud de calidad, temas centrales del debate.
El debate técnico se centró en los problemas inmediatos, pero careció de la visión estratégica que el Perú merece. Mientras la educación, la ciencia y la innovación sigan relegadas, el desarrollo seguirá distante. Esperemos que el debate presidencial de este 31 de mayo esclarezca las dudas ciudadanas y renueve la esperanza de un país que, increíblemente, ha tenido ocho presidentes en los últimos diez años.