En gran enroque de la cúpula policial
El ministro del Interior, Carlos Negro, concretó un sacudón histórico en la Policía Nacional de Uruguay al remover, rotar o enrocar a las máximas figuras del mando táctico, dejando en evidencia problemas internos agravados por la necesidad de frenar la escalada de violencia en las calles. Estos cambios en el comando policial se observan como la antesala, ante un eventual nuevo fracaso, de la sustitución de Carlos Negro como ministro del Interior y artífice de esta segunda versión del plan de contingencia del gobierno que aún no ha dado los resultados esperados.
LA NOCHE EN QUE TEMBLÓ EL MANDO: CRÓNICA DE UNA REESTRUCTURA DE FONDO La atmósfera en los pasillos del Ministerio del Interior en Montevideo era de absoluta pesadez. Afuera, la intensa niebla invernal cubría la capital; adentro, la crisis de la violencia criminal y los constantes tiroteos barriales exigían decisiones drásticas que no admitían más demoras. No se trataba de repetir discursos vacíos. La orden del ministro Carlos Negro fue tajante: maximizar los recursos, optimizar el rendimiento y «recuperar las esquinas y las calles del país».
EL AJEDREZ DE LOS UNIFORMES AZUL MARINO La conferencia de prensa comenzó con la seriedad que ameritaba el anuncio. En un movimiento audaz de piezas, la jefatura más caliente del país cambió de manos. El Comisario General (R) Pablo Lotito dejó la codiciada Jefatura de Policía de Montevideo para trasladarse a la Dirección de Investigaciones de la Policía Nacional. En su lugar asumió un hombre de territorio con un enfoque claro hacia las comisarías y la redistribución de agentes: Alfredo Clavijo, quien ahora carga sobre sus hombros la misión de contener el delito en las zonas operacionales más complejas de la capital.
La reestructura no se detuvo ahí. Las modificaciones alcanzaron el núcleo duro del despliegue táctico: Subdirección de la Policía Nacional: Asumió el Comisario General (R) Julio Sena. Dirección Nacional de la Guardia Republicana: La fuerza de choque quedó bajo el mando del Comisario Mayor Fabián Monzón. Dirección de Asuntos Internos: Fue designado el Comisario General (R) Julián Abraham.
UN CAMBIO RESPALDADO, PERO BAJO LA LUPA Mientras la cúpula policial se reconfiguraba, los sindicatos policiales vieron los relevos con buenos ojos, esperando que la nueva impronta traduzca el millonario presupuesto de seguridad —que incluye la incorporación de cientos de nuevas vacantes de agentes— en verdadero respaldo y protección para el policía de a pie.
Desde la vereda opuesta, la oposición política no tardó en reaccionar. Las críticas apuntaron a que la rotación de nombres no debe maquillar problemas de gestión profundos. Sin embargo, en el despacho ministerial el rumbo está fijado: el despliegue de una renovada Dirección Nacional de Policía Comunitaria y una acción policial inteligente serán las armas tácticas inmediatas. El gran enroque policial uruguayo ya está en marcha, y la ciudadanía aguarda el veredicto en las calles.
EL PLAN «MÁS BARRIO» El cambio de autoridades responde a la urgencia de contener los intensos tiroteos y disputas criminales que azotan a diversos barrios de Montevideo. La estrategia del Ministerio del Interior se apoya en dos grandes pilares operacionales:
Intervención territorial focalizada: El plan «Más Barrio» busca recuperar la presencia del Estado en zonas críticas mediante una acción policial inteligente, la saturación táctica y el despliegue de patrullajes coordinados.
Tecnología y prevención: Se prioriza la optimización de recursos tecnológicos (como el monitoreo por cámaras) combinada con el fortalecimiento de la atención directa en las comisarías de cercanía.
Combate a la corrupción: La remoción del mando también estuvo motivada por la necesidad de abordar con firmeza investigaciones de corrupción interna, particularmente en las dependencias de la Zona 4 de la capital.
LA REACCIÓN EN BLOQUE DE LA OPOSICIÓN El masivo recambio ordenado por el Ministerio del Interior generó duras críticas. La oposición centró sus cuestionamientos directamente sobre la conducción política, librando de culpa al cuerpo técnico policial.
El senador del Partido Nacional, Javier García, lideró las declaraciones apuntando contra la máxima autoridad civil del ministerio. Sostuvo que señalar a los policías como únicos responsables es una «fuga de responsabilidad política y personal». Para García, el problema no radica en el despliegue táctico, sino en la falta de mando por parte de la secretaría de Estado.
MONTEVIDEO COMO «ZONA DE GUERRA» Desde filas del Partido Colorado, el senador Andrés Ojeda calificó la rotación como una «confesión del fracaso» frente a la crisis delictiva. Ojeda cuestionó que se apliquen movimientos de nombres sin presentar cambios sustantivos de gestión de fondo. Afirmó públicamente que varias zonas de la capital uruguaya se han transformado en «verdaderas zonas de guerra narco a cielo abierto». Debido a esto, exigió que la seguridad pase a ser la prioridad del gobierno bajo una nueva «estrategia antinarco» de saturación violenta. A esto se suma que los ecos de la interpelación de Bordaberry sobre la seguridad pública siguen resonando en la interna del palacio legislativo.
EL FANTASMA DE LA INTERNA El exministro del Interior Nicolás Martinelli sumó fuertes declaraciones que desnudaron un supuesto desgaste en la interna ministerial. Martinelli señaló una crisis de conducción insostenible. Según el exjerarca, la convivencia entre el Director de la Policía Nacional y el ascendido Alfredo Clavijo terminó derivando en una disputa permanente por el poder, protagonismo e influencias, condicionando el trabajo cotidiano de la tropa.