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La Hermandad

Zósimo Nogueira

El desapego a la norma, avasallamiento de la comunidad, del orden constituido, del derecho a la propiedad y la imposición del más fuerte e inmoral sobre el laborioso y respetuoso de la ley. Colonización de espacios y conquista por la fuerza del bien ajeno. La cultura anárquica emulando los malones de indígenas y gauchos malevos en esas incursiones múltiples de robos piraña. Rompen, amenazan, saquean y huyen. Si hay resistencia golpes, palos y balas. El salvajismo de las balaceras disputando espacios de crimen.

Infunden miedo con “consignas de supremacía” blandiendo objetos contundentes y apuntando con armas de fuego

Pero el mayor problema son esos vándalos “colonizadores promiscuos” en su mayoría con problemas de salud mental que actúan promiscuamente. Dicen actuar así por los efectos residuales del consumo de drogas.

Se justifican en su propia liviandad de consumidores.

Voluntariamente no las van a dejar, lo hacen un día y al otro reinician. Referencia: Diplomados en “drogadicción”.

Hacen cama en cualquier lugar y baño en donde se encuentren. Desconocen a los propietarios o residentes de donde se instalan. Consumen drogas a vistas de todos y si alguien los observa arremeten amenazadoramente.

Ocupas ilegales, drogadictos y ladrones piraña actúan como hermandad ideológica pues se sostienen y justifican en falsedades.

Reivindican falta de oportunidades, estigmatización social y económica.  Que el Estado no les da lo que les corresponde por su naturaleza humana o por el poder divino.

No estudian, no trabajan, rompen vínculos familiares, en mayor o menor grado todos delinquen y/o encubren el delito. Cultura ni-ni de manos libres.

Ante la poca respuesta de los organismos estatales tratan de imponer su forma de vida, sin respetar normas ni el interés ajeno.

¿Cómo hay que actuar con ellos? ¿Cómo debe hacerlo el Estado? Seguir en la inercia contemplativa o actuar coercitivamente, despejando espacios, evitando promiscuidad, socorriendo al vecino afectado, capturando y enjuiciando al que delinque.

La ley es clara, mi derecho termina cuando comienza el derecho del otro.

Las leyes procuran el bien común, se prioriza lo colectivo sobre lo individual.

El respecto a la propiedad y al bien propio es esencia de democracia.

Que faltan recursos, que están desbordados. Por algo fueron elegidos, cumplan lo prometido. Sean eficaces en la gestión, si no lo son cambien de gestores.

Corrijan planificaciones fallidas. La administración anterior conto con similares recursos, afrontó situaciones caóticas y los resultados fueron notoriamente superiores. No como yo hubiera querido, pero sin dudas tuvieron mejores resultados.

Que esa gente con problemas de salud mental debe ser mejor asistida, es cierto.

Que faltan recursos; no es cierto. Hay mala administración.

Hay que sacarlos de la calle y todos esos espacios colonizados ilegítimamente.

¿Hacia dónde se derivan y de qué manera? La ley de salud mental promovió el cierre de las colonias psiquiátricas. De diversificar la atención médica para no estigmatizar.

Si solo se medican y no tienen en donde vivir, seguirán generando conflictos y trastornos a la comunidad.

Está claro. Las grandes colonias cumplieron su ciclo. Un aumento casi que epidémico de enfermos mentales por consumo de drogas ilegales.

Hay que modificar el formato de atención, pero con lugares donde residir. Temporal o permanente.

Espacios abiertos de menores dimensiones, controlables disciplinaria y sanitariamente.

Bienvenidos aquellos que tengan apoyo familiar o sentimental y cobijo.

La mayoría de quienes tienen problemas de salud mental por consumo de drogas son rechazados por sus familias.

Roban a sus propias familias para comprar droga, son mal ejemplo; ejercen violencia verbal y física, generan conflictos con el vecindario, se relacionan con otros marginales. Alteran cualquier economía doméstica.

UNA REALIDAD POCO VISTA. Por información que me ha llegado y que las autoridades sanitarias mantienen en reserva “no sé porque”

Los hospitales de nuestra capital Montevideo son parte de un circuito de consumo de drogas con perjuicios que alcanzan cifras siderales.

Miles y miles de dólares, anualmente alcanzan cifras millonarias de U$S “dólares”

Hay consumidores que todas las semanas reciben atención hospitalaria de emergencia, ocupan camas se reacondicionan y vuelven a consumir.

Las llamadas bocas de venta de drogas han proliferado de tal manera que están en todos los barrios, incluso en las proximidades de estos hospitales.

Estos usuarios de la salud ocupan espacios urbanos, por lo general delinquen o ejercen mendicidad compulsiva, se drogan sin medida y cuando están sobregirados y angustiados con temor de vida van a las salas hospitalarias.

Los asisten, alimentan, los acondicionan, regularizan sus organismos y luego de estabilizados reciben el alta o se fugan.

Muchos ya son conocidos de todos los turnos, sus historias medicas una continua repetición de eventos de sobredosis.

Sin estar descompensados también van, lo hacen sistemáticamente. Van por cobijo, alimentos y alguna pastillita.      

Destino hospitales. Maciel, Pasteur, español, Del Cerro y seguramente también el hospital universitario o de Clínicas.

Ni que hablar de costos hospitalarios cuando hay episodios de violencia, heridos, camas de CTI, medicación, tomografías etc. El desvío en atención de valiosos recursos humanos.

Hagan números, y todo multiplicado por cientos de individuos, alcanzan miles. La rutina del circuito droga también está instalada.

En varios lugares del Interior se repite la historia.

Hay que sacar a toda esta gente de la calle, intimarlos a tratamientos de desprogramación de consumo, orientarlos y notificarlos sobre centros de atención.

Hay que legislar, si cuando hay epidemias o enfermedades contagiosas el MSP puede y debe actuar como policía sanitaria, esta situación está en tal grado de emergencia y compromiso social que también lo amerita. Por salud y por seguridad pública.

Propongo. Si se los trata nuevamente dar parte a la policía y habilitar a ésta a controlar su concurrencia obligatoria a centros de desprogramación en drogadicción.

A indagarlos sobre el tipo y droga de consumo, su origen costo y proveedor.  Las figuras del encubrimiento y la receptación están ahí.

Judicializar su conducta. El siguiente paso ha de ser la internación en un centro hospitalario o asistencial con alta únicamente por prescripción médica.

El abandono del tratamiento será considerado como agravante en caso de cometer delito. Se le agregara una pena suplementaria o eliminara beneficios de reducción de pena.

Esto se ha de complementar con medidas similares para quienes sean detenidos luego de adquirir droga en esos centros clandestinos de venta de drogas.             

Si se quiere mejorar la seguridad pública hay que terminar o reducir el consumo de drogas. Desprogramar y recuperar a consumidores. Tratarlos clínicamente. Liberar los espacios urbanos ocupados ilegalmente. Sin consumidores el negocio fracasa.

Decía un amigo. Que se hace con los consumidores de alto nivel económico. Digo, el mayor daño se hace a sí mismo y al reducirse la oferta le será más difícil y riesgoso conseguirla.

El perjuicio económico se reducirá considerablemente, la violencia callejera bajará intensidad. Ese gran dinero puede y debe tener un mejor retorno al contribuyente y a la comunidad.

¿Sin bocas no habrá consumo? Hay y habrá otras maneras de traficar y obtener la droga. Nuevos productos de laboratorio, nuevas drogas destinados al mismo fin, pero se facilita la fiscalización y se dificulta la actividad criminal.

Ese público que delinque para drogarse se reducirá y muchos podrán retornar a la legitimidad y buena convivencia.

Retornando al comienzo y al presente; para esos motoqueros pirañas detención y cárcel. “Justicia”

Hay que derribar esas barreras ideológicas que reivindican y justifican al delito en desigualdades sociales y económicas. Es una bandera usada por los líderes de estos grupos criminales. Estilo los Peaky Blinders de Thomas Shelby

Con liberación de espacios y castigo a las pirañas, habrá menos droga, menos tentaciones, menos adicciones, menos violencia. Expectativa de mejor calidad de vida.

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