Política nacional

Orinando fuera del tarro

Daniel Manduré

Orsi largò su carrera presidencial y con ella comenzò a desnudar su verdadero pensar, el de la perimida lucha de clases.

 Ese hombre con apariencia dialoguista, tolerante, parece querer pasarse, seguramente por una necesidad electoral, al bando de los radicales.

Esos ciudadanos que dividen la sociedad, de aquellos seres omnipotentes que intentan dar cátedra y decirles a otros de lo que pueden hablar y de lo que no. Los que pretenden dictaminar quienes tienen autoridad para criticar y quienes no, y cuáles son las cualidades y los requisitos que se deben tener para hacerlo.

Lo negativo de Orsi no está tanto en lo que dijo, sino en los que todos sabemos que quiso decir, el mensaje que esconde sus palabras.

El Presidente de la República como muchos ciudadanos criticò el estado de abandono y deterioro en el que se encuentra el espacio utilizado como lugar de reunión gremial en el IAVA. Algo que más allá de posturas a favor del gobierno o en contra, todos deberían reconocer. ¿O alguien acaso, alumnos, docentes, padres o sindicalistas permitirían que algún espacio de su hogar luzca como ese salón gremial? Seguramente no.

La respuesta de Orsi ante esa afirmación del presidente fue: “alguien que nunca pisó un liceo público no puede hablar ni opinar sobre la educación pública, por su desconocimiento”.

Una falsa oposición, con connotaciones ideológicas, de las peores, esas que dividen. Hasta con cierto tufo totalitario. El de desacreditar a tu adversario embarrando la cancha.

El haber concurrido a la enseñanza pública no te da los diplomas, las credenciales, conocimientos o la autoridad suficiente para conocer lo que sucede en la educación vareliana o como el no haberlo hecho te desacredita para conocer sobre lo que allí sucede.

Podemos escuchar hablar a Orsi sobre diversos temas, derecho internacional, economía, ambientalismo, derecho laboral o ingeniería de tránsito.

¿Puede Orsi hacerlo? Si, puede. El Presidente de la República también.

Después cada ciudadano evaluará el contenido, profundidad o veracidad de sus dichos.

Además, es muy claro y hasta tonto tener que aclararlo, que para evaluar el grado de deterioro, suciedad o desprolijidad de un ambiente no es necesario un posgrado o maestría en educación pública.

Esos golpes por debajo de la cintura que no le hace bien al debate político, que contribuye a enrarecer aún más el clima, y que en este caso proviene de alguien que se supone tiene aspiraciones presidenciales.

Esta película ya la vimos. ¿Acaso no recordamos el discurso de Graciela Villar sobre oligarquía o pueblo? ¿O el de Carolina Cosse? En el dividía a la sociedad entre quienes viven en barrios privados que, según ella, no conocen la realidad y viven en una burbuja y el resto de la sociedad.

Orsi ingresó al cuadro de los radicales, en el que tal vez siempre estuvo. 

El que piensa que el acercamiento al pueblo, la sensibilidad social, el conocimiento de los temas, la sencillez o la humildad, lo da el lugar donde se nació, donde nos educamos. O que el aparecer descamisado en los actos partidarios o comiéndose las “s” ya son credenciales suficientes. Tal vez por ese esfuerzo desesperado en emular, con una versión aggiornada, a su jefe político.

Orsi la ha pifiado feo varias veces ¿acaso no recordamos sus declaraciones en cuanto al alcalde de La Floresta? El que fue separado de su cargo por gravísimas acusaciones por acoso sexual y al que Orsi catalogó como “un hombre valiente”.

Todo lo sucedido en el IAVA desde un inicio es muy bizarro, incluyendo las declaraciones del intendente de Canelones, que comienza su carrera presidencial orinando fuera del tarro.

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