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Resistir archivos, esa misión casi imposible

Daniel Manduré

La moral de Tartufo.

Puede llegar a ser larga, interminable y casi eterna si comenzamos a enumerar la lista de figuras públicas que no resisten un archivo. Esa imposibilidad de poder lograr cierta coherencia entre lo dicho y lo hecho. Entre lo que se afirma hoy, si lo comparamos con afirmaciones del ayer. Entre lo que le exigimos al otro que haga hoy y lo que hicimos nosotros cuando tuvimos incluso posiciones más ventajosas para hacerlo. Esa “agudeza” de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Pasa mucho y en todos los ordenes de la vida, pero sin dudas que lo vemos a diario en toda aquella actividad donde se haga polìtica.

Eso se ha transformado en un gran problema porque poco a poco va dinamitando un pilar fundamental del sistema: la credibilidad. Tan difícil de construir y tan fácil de dilapidar.

Aquellos que plantean algo y hacen lo contrario. Los que fingen ser lo que no son. Los que intentan mostrarse como tolerantes cuando en realidad el dogma los domina. Aquellos que intentan “vendernos” una imagen de dialoguistas y de escuchar al otro y en la primera de cambio sacan a relucir ese ego que los avasalla y un autoritarismo que les resulta imposible disimular. Hablar de democracia y apoyar dictaduras. Aquellos que tienen una mirada hemipléjica al momento de denunciar violaciones a los derechos humanos. Disfrazarse con la verdad, pero vivir en un mundo de mentiras.

Por supuesto que cometeríamos un gran error si generalizamos, si introducimos a todos en la misma bolsa, hay excepciones y en todos los partidos. Algunos podrán pregonar ideas que están en las antípodas de las nuestras y las combatiremos como siempre, pero que se han ganado nuestro respeto por su coherencia al momento de defender esas ideas.

Hace ya unos años se han creado en muchos países servicios de chequeos de datos al instante, los que son utilizados cada vez más por los votantes. Donde se monitorea la veracidad sobre las afirmaciones de los principales candidatos políticos. Grandes bases de datos donde se agrupan debates, proyectos, discursos y entrevistas, porque todo es de utilidad al momento de comparar dichos y ver si son veraces o por el contrario dejan a la figura pública en falsa escuadra. Esos sitios pueden incluso contener, además, datos estadísticos conocidos como “medidor de promesas”, donde se mide el porcentaje de promesas cumplidas.

Algo no anda bien si una buena parte del electorado recurre a sitios de “fact checking” para comprobar la veracidad de los dichos de determinado candidato.

La hipocresía, lamentablemente, va ganando terreno.

Por ello nos permitimos, a modo de reflexión, dejar algunos conceptos de José Ingenieros, en su obra, “El hombre mediocre” sobre la hipocresía.

La moral de Tartufo:

“La hipocresía es el arte de amordazar la dignidad. Es la falta de virtud para renunciar al mal y de coraje para asumir la responsabilidad”.

“Hiela, donde ella pasa, todo noble germen de las ideas. Los hombres rebajados por la hipocresía viven ocultando sus intereses, enmascaran sus sentimientos. Tienen la certeza íntima, aunque inconfesa, se que sus actos son indignos, vergonzosos, nocivos e irredimibles. Por ello es insolvente su moral”.

“Ninguna fe impulsa al hipócrita. Son audaces en la traición y tímidos en la lealtad. Conspiran y agreden en la sombra, difaman con afelpada suavidad.”

“Nadie puede confiar en su recalcitrante ambigüedad. Conciben la beneficencia como una industria lucrativa para su reputación y miden su generosidad de acuerdo con la ventaja que de ella puedan obtener”

“El hipócrita transforma su vida en una mentira metódicamente organizada. La mentira es su prodigioso instrumento. Solo finge lo que cree no tener”

“El que no tiene valor para la verdad es imposible que lo tenga para la justicia”.

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