Editorial

La inseguridad y la decadencia

requieren de más Estado

César García Acosta

El presidente Yamandú Orsi tiene la obligación de escuchar lo que el pueblo le dice, pero también tiene el derecho a implementar las políticas públicas con el acento y los tiempos que su conciencia política, y la de su gobierno, le determinen.

Dicho esto, me aparto en esta opinión radicalmente de aquellos que sólo critican en su afán por sentirse opositores de un gobierno, olvidándose que controlar números, también supone controlar gestiones, debatiendo, aunque jamás desprestigiando al gobierno sin otro esquema que el de no entrar en el fondo de los temas con ánimo de entenderlos para resolverlos.

Las personas en situación de calle son actualmente una piedra en el zapato de una inseguridad ciudadana que fue golpeada en su banda de flotación. Nadie camina seguro por las calles de las ciudades uruguayas -ni de día ni de noche-, ni en el Montevideo n en un pueblo. Y mucho menos podemos sentirnos seguros cuando advertimos la silueta de una moto acercándose con dudosa motivación.

Montevideo, que supo transitar épocas de esplendor, también experimentó momentos aciagos. Así lo deja en evidencia Juan Carlos Onetti en “El Astillero”, que explora ni más ni menos que la decadencia, el autoengaño y la derrota humana.

Alguien sensatamente puede imaginar que Orsi podrá mantener la carga impositiva en un país con una población propia francamente en baja; con más de 19 mil presos jóvenes encausados por delitos de rapiña y narcotráfico de los 50 o 60 salen a diario de sus presidios liberados sin fe ni trabajo. Y, convengamos, para no ser hipócritas que todo esto sucede en el marco de una población que se mantiene rondando los 4 millones de habitantes (un barrio de Brasil o de Argentina), en la que al menos 30 niños de esos que se empecinan en seguir naciendo en este mundillo del” Astillero” de Onetti, saben de antemano que no saldrán de pobres.

Mientras esto sucede la oposición reclama achicar el Estado, cuando en realidad todos saben que SÓLO el Estado sacará al país de esta crisis generacional. Hoy, por ejemplo, las intendencias deberían ser el instrumento para dar empleo y reeducar, y al que le toque tener que pagar penas a la Justicia por haber delinquido, en vez de ir a un municipio a barrer o destapar caños, podrían asistir en tareas al Ejército Nacional aprendiendo oficios y educándose en la honestidad tradicional de una profesión tradicional para el país.

Sin embargo, los políticos limitaron los ingresos del personal por ley, fijan los valores de las multas de tránsito o estudian en una comisión de “futuros” lo que vendrá, aunque no lo podamos ver.

Hoy la hora requiera que los mejores gestores del Estado sean puestos a racionalizar una estructura que sin deteriorarla es la que debe sacarnos del pozo social en el que estamos.

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