Política nacional

Controles con finalidad recaudatoria

Marcelo Gioscia

El notable incremento del parque automotor, en todo el país, -aunque se note más aún en nuestra capital- ha significado un tráfico muy denso, pues nada se ha hecho con la infraestructura de nuestras ciudades, ni con el ancho de nuestras vías de tránsito. Tampoco se ha atacado el tema de la seguridad vial y hemos comprobado que los controles de las autoridades, tienen una clara finalidad recaudatoria, muy alejados de la verdadera instrucción a quienes utilizamos esas vías cotidianamente.

Lo que sí se han multiplicado hasta el hartazgo, son los radares y las limitaciones a la velocidad (como si ésta fuera la principal causa de los accidentes, que a diario dejan un buen número de lesionados), así como las zonas de circulación exclusiva. La posterior participación en el monto de lo que se recauda de “inspectores de tránsito” cada vez más ausentes, y que no es nada menor, confirma esa finalidad recaudatoria que abona el contribuyente, por “controles” que en verdad resultan muy poco eficaces. Otro tema, es el monto y graduación de esas multas, generalmente aplicadas por sistemas electrónicos, colocados en puntos neurálgicos, donde ni siquiera se muestra cuál es la velocidad que venimos desarrollando, y con escasas garantías para los afectados, a quienes ahora se les impedirá pagar la patente si registran deudas por multas y recargos. Esas presuntas infracciones ni siquiera se nos comunican, impidiendo de esa forma conocer la misma, comprobar de alguna forma la falta cometida y poder recurrirla en el momento, o decidir pagarla. Y no enterarnos de su existencia, cuando pagamos la patente anual. Todo resulta pensado para obtener una mayor recaudación, de instrucción o educación vial, nada. De disminución de accidentes de tránsito, menos. De advertencia previa a la aplicación de la sanción económica, no se habla. ¿Hasta cuándo podrá sostenerse este perverso sistema? que efectivamente cercena libertades, limita derechos y ni siquiera destina lo que recauda en mejoras efectivas en la infraestructura de nuestras ciudades, ni en una educación vial necesaria desde mucho antes de tener una libreta de circulación que nos habilite a conducir por la vía pública. Y van pasando los distintos gobiernos, rotan las autoridades que ostentan cargos con nombres muy grandilocuentes, al frente de organismos que pretenden atender la “seguridad vial” pero, lo cierto es que pasamos raya y todo sigue igual. En perjuicio de quienes contribuimos con esas arcas públicas cada vez más voraces, que para colmo, pretenden hacernos creer que los controles y límites que nos imponen, son para nuestro bienestar y seguridad, cuando tristemente sirven para cubrir presupuestos, que no son los nuestros y que, en puridad, cuidan muy poco nuestros intereses. Y tampoco la tan mentada “libreta por puntos” solucionará el tema que ocupa nuestra opinión, sin que se brinde un sistema de garantías a los contribuyentes para que puedan defender sus derechos y no seguir siendo los que en todo caso pagan los “platos rotos”, sin derecho al pataleo, tal vez, esto también debiera pensarse.

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