Política nacional

El invierno no espera a la política

Ramiro Rossi

¿De verdad creemos que hoy el principal problema de Salto es una resolución de la JUTEP? ¿Alguien piensa que a las casi 5.000 personas que viven en asentamientos irregulares les cambia la vida esa discusión?

Mientras gran parte del debate político gira alrededor de acusaciones, cargos y cruces partidarios, hay familias que siguen viviendo entre chapas, frío, humedad y techos que se llueven. Hay gurises que pasan el invierno abajo de chapas. Y ahí es donde convenios como el de Rancho Cero empiezan a importar de verdad.

Hace semanas, el gobierno de Salto firmó un convenio con la asociación civil Cireneos para implementar el programa “Rancho Cero” en el departamento, orientado a brindar soluciones habitacionales transitorias a familias en situación de vulnerabilidad.

No es un logro menor. Al contrario, es importantísimo para un departamento que cuenta con 25 asentamientos y cerca de 5.000 personas viviendo en condiciones irregulares.

Salto, además, fue pionero en Rancho Cero. La primera intervención concreta del programa fue con la familia de Lauti, un niño de 3 años con cáncer (sarcoma de Ewing) que se trataba en la Fundación Pérez Scremini. Vivían en condiciones extremadamente precarias en el barrio El Ceibal: barro, filtraciones y frío constante.

Cireneos firmó un convenio con la Fundación Pérez Scremini y entregó allí la primera vivienda modular, alrededor de marzo de 2025. Ese fue el primer gran paso del programa a nivel nacional, y por eso James McCubbin lo recordó en la reciente firma del convenio con la Intendencia de Salto, el pasado 12 de mayo de 2026.

Ahora el objetivo es escalar: llegar a más familias y coordinar más directamente con la Dirección de Vivienda de Salto.

¿Y quién está detrás de todo esto?

Juan Andrés, más conocido como el “Gordo Verde”, un sacerdote católico uruguayo que dejó la parroquia tradicional para irse a vivir al asentamiento Santa Eugenia, en Bañados de Carrasco, acompañando a las familias desde adentro. Junto a jóvenes misioneros fundó en 2017 la Asociación Civil Cireneos, enfocada en vivienda, educación y apoyo comunitario.

Su proyecto más conocido es Rancho Cero, que construye viviendas modulares dignas para familias en situación de extrema precariedad mientras esperan soluciones definitivas del Estado. El programa ya lleva más de 50 hogares y viviendas modulares entregadas en distintos departamentos, y el programa Cirineos supera las 200 intervenciones.

El Gordo Verde suele repetir una frase: “empujar espalda con espalda”. También insiste en que un pequeño aporte puede cambiarlo todo y que no podemos resignarnos a que existan ranchos de extrema precariedad en el Uruguay de hoy.

Más allá de que muchas veces el debate público salteño termine reducido a los pozos o el alumbrado, convenios como este atacan un problema real y estructural, uno que durante años muchos eligieron mirar de lejos. Y cuando estos problemas se ignoran, no desaparecen: se agravan.

Mientras escribía esta columna recordaba el reportaje El frío debajo de chapas y colchones: el invierno en los cantegriles, de Martín Tocar y Karen Parentelli. Ahí describen ranchos de chapa y madera donde el frío entra por todos lados, techos que gotean o “transpiran” condensación, pisos de tierra o palets que levantan humedad.

Familias enteras —incluyendo bebés y niños— durmiendo entre frazadas, usando estufas eléctricas precarias o bolsas de nylon para tapar goteras. Historias de inundaciones, enfermedades respiratorias, madres solas y madrugadas eternas en hospitales.

El reportaje habla de barrios como Barrio Moderno, Nuevo Ellauri o Casavalle, pero son realidades que pueden replicarse en cualquier lugar cuando el abandono se vuelve costumbre. Y esos informes muestran lo que viven miles de compatriotas en los 667 asentamientos irregulares que existen actualmente en Uruguay.

No creo que se llegue a la eliminación total de los asentamientos. Pero medidas como estas sí logran mejorar la calidad de vida de muchas personas. Y tampoco podemos empezar las cosas derrotados.

Creo sinceramente que estas son las problemáticas que realmente vale la pena atacar. Porque, al final del día, ya no es solo una cuestión de Estado: también es una cuestión de humanidad. De decidir si quienes están al frente enfrentan estos problemas o simplemente los patean para adelante mientras, del otro lado, los inviernos siguen siendo crueles.

Entonces, aplaudamos cuando estos convenios se generan y ojalá sigan llegando acuerdos tan importantes como este. Pero la tarea tampoco termina acá: esperemos que quienes están al frente del Ejecutivo brinden todo su apoyo, porque no es solo firmar y sacarse la foto; es hacer que las cosas sucedan. Porque el frío no espera a las decisiones políticas.

Bien decía Wilson Ferreira Aldunate: “Si nosotros no somos capaces de asegurarle una vida digna y decorosa a tres millones de orientales, somos unos criminales”

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