Editorial

Estrategia Uruguay “investigar, juzgar y condenar al adversario”

“Hay que sacar la confrontación política de los juzgados”

César García Acosta

En su edición de ayer domingo el diario LA VANGUARDIA de España, narraba: “Con una atmosfera, una escenificación y una movilización de cuadros propia de campaña electoral –las municipales están la vuelta de la esquina… y después vendrán las generales–, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha sacado pecho este domingo en Barcelona reivindicado su agenda del reencuentro. Hace tiempo que los socialistas decidimos rescatar Catalunya del conflicto y devolverla a la convivencia«, señaló el jefe del Ejecutivo, agregando: «Que las disputas se resuelvan en el terreno de la política y no en los juzgados. Y si donde había crispación hoy hay convivencia, es porque hay un Gobierno que apuesta por el reencuentro», añadió Sánchez.

«Es una decisión política de primer nivel, rescatar a Catalunya de la crispación y la confrontación. Son decisiones arriesgadas, pero no hay otra, no hay otro camino. Hay que sacar la confrontación política de los juzgados», insistió.

El jefe del Ejecutivo central ha asegurado que «trabajan duro por la convivencia y la concordia», un mensaje que han reforzado todos los que han intervenido en el acto de este domingo en la capital catalana.

Las palabras del presidente del Gobierno tienen como contexto la reforma del Código Penal, con la que previsiblemente, entre otras cuestiones, se derogará el delito de sedición y se modificará la tipificación del delito de malversación.

EN URUGUAY Mientras esto sucede en España donde la querella independentista pasa inexorablemente por la autonomía regional, aquí en Uruguay donde el Estado es cada vez más centralista, desde antes de asumir el gobierno la coalición republicana, muchos ya habían decidido adoptar como estrategia de campaña investigar, juzgar y condenar al adversario político.

El MIDES desde hace 30 meses fue el telón de fondo donde todo empezó: allí se prepararon estas campañas de persecución y amenaza estratégica. Sus jerarcas, les guste o no, oficiaron como “Catón el Censor”.

Después que el presidente de la noche a la mañana descabezó a ese ministerio, algunos de sus políticos más renombrados –como el caso del entonces director de secretaría del MIDES- se mantuvo en las trincheras de la batalla y pasó a ocupar una asesoría en la Presidencia de la República, para inmediatamente luego de la muerte inoportuna del ministro Larrañaga, ese mismo funcionario asumió como el tercero al mando en el ministerio del Interior.

Y mientras los anuncios grandilocuentes en el MIDES derivaron apenas en el episodio de las “ollas populares”, de manera tan confusa como controversial, sobre todo para la población que más necesitada de esa comida, las noticias se vuelven agresivas y amenazantes esta vez alrededor de las cárceles, de la mano pesquisante de personajes que se reiteran en uno y otro bando, pero con el telón del custodia del presidente haciendo gala de fuegos artificiales.

Pero insisto en el MIDES como centro de la tormenta, y por haber sido el ejemplo de lo que hoy es el Ministerio del Interior: un campo de batalla que destapó no solo las ollas de comida fermentada, sino el desasosiego de buscar a toda costa algún culpable de “algo”, con el solo fin de que sobrevengan causas y contracausas con sirvan para denunciar lo malo de una gestión.

Las cosas desde hace 30 meses pasan por una suerte de pesquisas cuasi carcelarias, donde en vez de encontrar el necesario criterio político para dirimir las razones de las diferencias de visiones, sólo se alcanzan un cúmulo de vicisitudes que tienden a juzgar y politizar a una justicia venida a menos por no poder enfrentar la dinámica de las redes sociales, llegando casi siempre tarde al acceso de la información, y más distante aún del proceso de decodificación de los mensajes sobre hechos y circunstancias que aunque afectan a unos pocos, perjudican por su alcance mediático, a muchos.

El líder del PESOE decía ayer en Barcelona que, «Dicen que España se hunde, pero lo que se hunde es el discurso catastrofista… nosotros a trabajar».

Con la imagen española, pero con el Uruguay en la retina, y con más nostalgia que frustración, cuando veo a la sociedad uruguaya –más bien a la política- desenvolverse sin lo que fue la natural idiosincrasia batllista, observo el vacío que eso ha dejado para el colectivo político, donde esta forma de percibir al mundo fue la esencia de una cohabitación social moderna en el país que nos proyectó en el plano internacional. Es tanta la necesidad del coloradismo tradicional como búsqueda para las soluciones cotidianas en el gobiernp, que la dicotomía blanco/frentista se ensancha todavía mucho más, hasta cansar deliberadamente con su discurso de guerra, sometiéndonos a todos al constante desafío de la pelea desenfrenada. Y convengamos que 1904 quedó muy lejos en el tiempo.

Aquél error de hace 30 meses de sumergirse en la obligación de pescar culpables de “algo”, cuando la sociedad sólo pedía cambios sociales, culturales y políticos más relacionados con la vida cotidiana que otro cosa, termino caminando con andar casino por los pasillos de los juzgados”. Esto nos reclama con insistencia que se necesita más cuidado hacia la democracia que nos insinúa el mismo cansancio que se observa en otros lugares del mundo.

La política, sea como sea, debe apelar a sus propias reglas de juego, y jamás debe fijarse como rumbo la politización de la justicia o la judicialización de la justicia.

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