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Gobernar jugando al empate

Daniel Manduré

Nunca estuve de acuerdo con aquellos equipos de futbol que juegan al empate. Que no arriesgan y carecen de ambición. Eligen no ganar, no sumar de a tres y quedarse casi estancados en la tabla de posiciones. Jugando a la retranca, con tal de no terminar derrotados. Con ello corren el riesgo de que le hagan un gol en los descuentos y terminen perdiendo igual. Quedándose con las manos vacías.

Esta situación va generando gran disgusto en la tribuna. La parcialidad quiere ver un equipo ganador, que se esfuerza en hacer las cosas bien, que va para adelante, que corre riesgos. Que no es timorato. Que deja todo en la cancha. Si esto no sucede, la hinchada comienza a perder la paciencia, a abuchear al equipo, al entrenador y a las autoridades. El apoyo comienza a transformarse en desconfianza. Llegan a gritar decepcionados: “¡que se vayan todos!”. Porque antes de iniciar el campeonato prometieron triunfos, títulos y gloria y ya con el campeonato en rodaje no vienen cumpliendo con nada de lo prometido. La hinchada termina llegando a la conclusión de que: “este cuadro sin identidad no es ni cerca de lo que prometió ser”.

Al final terminan peleando el descenso.

Si bien gobernar es cosa muy seria y no es una contienda deportiva podemos ver cierta similitud entre el gobierno actual y un equipo de futbol que se comporta de esa forma.

Porque hoy el Frente Amplio conduciendo al país está jugando al empate.

Gobernando a los tirones, improvisando, que va para atrás y para adelante, entre aclaraciones, contradicciones y discrepancias permanentes que son cada vez más notorias. Timorato, que no avanza y que está confundido. Que no arriesga. Así es la gestión del Frente Amplio. Desabrida, porque no es ni chicha ni limonada.

El Frente Amplio parece estar más preocupado en lograr la paz interna que en gobernar. Por dejar a todos contentos terminan dejando a todos calientes. A propios y a ajenos.

Hoy las encuestas, no una, todas ellas, lo muestran con claridad. La hinchada està decepcionada. Hasta los más fanáticos seguidores muestran su descontento. Exigen soluciones que no ven.

El Frente Amplio no está atravesando diferencias menores, ni matices, está atrapada en un tironeo continuo entre sectores que empujan en direcciones opuestas, que se bloquean mutuamente.

En física, cuando dos fuerzas de igual magnitud actúan en sentido contrario, se neutralizan. El resultado es una fuerza neta de cero. No hay movimiento. Todo queda en un aparente equilibrio, pero estancados. Ese principio explica con precisión lo que sucede hoy con el Frente Amplio. Paralizados, inmóviles.

La fuerte lucha ideológica interna no deja avanzar al gobierno.

El problema no es la diversidad de opiniones, que afloren diferencias de criterio. Es natural que suceda, sobre todo, en coaliciones donde hay miradas diferentes. Incluso, si son bien canalizadas pueden ser enriquecedoras. El problema es cuando esas diferencias no se administran bien, cuando la diversidad sustituye el rumbo. Cuando esa dualidad de criterio permanente bloquea el avance del país. Cuando lo que la ciudadanía percibe ya no son solo diferencias de puntos de vista sino un gran barullo interno y confusión. Que terminan convirtiendo al gobierno en un gran conventillo.

Están apareciendo diferencias en casi todos los temas esenciales que hacen a la vida del país.

En economía, la lucha diaria del ministro Oddone es continua. Por un lado, la moderación y estabilidad por el otro la exigencia de más gasto, aunque sea castigando al ciudadano con más impuestos.

Algunos impulsando un impuesto del 1% a los más ricos, otros oponiéndose.

Unos apoyando las 6 horas laborales otros diciendo que no es el momento para ello.

Unos exigiendo que las empresas preavisen al momento de realizar despidos, otro opinando que eso ahuyenta inversores.

Unos con un túnel por 18 de Julio otros bloqueando esa propuesta. Un futuro ministerio de justicia que no tiene unanimidades absolutas en la coalición gobernante.

En seguridad el péndulo se mueve entre la firmeza para combatir el delito y por otro lado su oposición a la mano firme. La gradual liberación de más de 2000 presos de delitos graves era la “sellada”. Dieron marcha atrás y por suerte parece que no va a prosperar.

Varios critican la gestión del Mides y del ministro Civila, otros intentan defenderla y algunos buscan poner paños fríos y piden calma.

En política internacional sucede lo mismo, moviéndose entre el fanatismo ideológico de muchos, apoyando ciegamente al club de amigos, frente a la sensatez pragmática de unos pocos.

En relación con los sindicatos la relación íntima con el Pit Cnt deja en evidencia una vez más esa imposibilidad de moverse con libertad. El gobierno no toma decisiones con independencia, la presión del movimiento sindical, a la que se le debe mucho desde lo electoral, es mucha y pesa.

Todas esas diferencias y muchas otras neutralizan a cualquier gobierno. Mas aun cuando hay ausencia de liderazgo.

 Ya han perdido el primer año de gobierno, comenzó a avanzar el segundo y deben solucionar sus contradicciones internas permanentes o seguirán como hasta ahora administrando su propia parálisis.

Esa parálisis en política no es neutral. Tiene un costo. Y siempre la termina pagando la sociedad.

Tensiones internas fuertes que son difíciles de disimular. Mas que un gobierno parecen una suma de sectores en tensión permanente. Los problemas internos que deberían resolverse puertas adentro se trasladan a la gestión. En el medio de ese inocultable embrollo interno està la ciudadanía que no entiende nada y espera soluciones.

 Los hechos confirman que asumieron sin programa y lo van armando ahora, en la marcha, a pura improvisación. Sin hoja de ruta y con medidas desarticuladas.

Promesas postergadas u olvidadas. Un sector lanza una idea y otro la tranca o la bloquea.

¿Se acuerdan cuando decían que en su gobierno por lo removedoras y renovadoras de sus propuestas iban a temblar hasta las raíces de los árboles?

Bueno, hoy los únicos que tiemblan son los uruguayos, de miedo por la inseguridad reinante.

De seguir jugando al empate el gobierno va a perder el partido, y lo va a perder con un gol en contra.

Lo peor de todo en estos casos es que el que siempre pierde más es el país y su gente.

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