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El Hitler del siglo XXI

Daniel Manduré

Putin invade Ucrania.

Desconcierto, dolor, conmoción, angustia, miedo son algunas de las palabras que describen lo que vive el pueblo ucraniano.

La miseria moral de Putin parece querer rememorar los momentos más sangrientos de los años 40 del siglo pasado.

Meses negando que estuviera planificando un ataque a Ucrania.

A pesar de haber firmado un acuerdo en 1994 que se comprometía a respetar la independencia y soberanía del pueblo ucraniano.

Pero a los déspotas es difícil creerles.

Sed de poder, ambición enfermiza, apetito de conquista.

Esa añoranza de las viejas épocas de los zares teñidas de sangre. Putin, un autócrata despiadado, cruel y traidor.

Ya se comenzaron a poner en práctica duras sanciones a Rusia, en lo financiero, materia energética y transporte.

Alemania detuvo la aprobación de un gasoducto en Rusia.

Un conflicto que seguramente repercuta en la economía mundial.

Atacó todos los puntos neurálgicos de Ucrania, sin piedad y sin ningún interés de negociar. Va por todo.

Putin se quiere quedar con Ucrania, esa es la verdadera intención. Derrocar su gobierno, inventando motivos que lo justifiquen e instalando uno a su medida. Pretende reconfigurar las fronteras del otrora imperio ruso.

Nada, absolutamente nada justifica la guerra.

Nada justifica la muerte, la destrucción, el dolor y pisotear la libertad de un pueblo.

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