Política nacional

Humildad y unidad

Ricardo J. Lombardo

Dijo recientemente Yuval Harari con su reconocida brillantez intelectual: «Podríamos decir que esta crisis ha sido un notable éxito científico y un masivo fracaso político».

No se podría haber resumido mejor lo que está ocurriendo en el mundo en este tiempo de enfrentamiento a la pandemia.

En general, estamos asistiendo a una respuesta encomiable de la ciencia y la tecnología, que en muy poco tiempo han podido identificar las características básicas de esta enfermedad, nos han aportado elementos para su detección y han desarrollado vacunas en tiempo récord para intentar frenar su avance.

Pero también observamos una falencia muy grande desde el punto de vista político al afrontarla.

Podría mencionarse muy pocas excepciones en el mundo de líderes y organizaciones políticas que han sabido cómo enfrentar los grandes dilemas con que el Covid19 nos desafía.

Quizás podría nombrase al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, como el que mejor desempeño tuvo, luego Angela Merkel y hasta Boris Johnson que, de un comienzo dubitativo y contradictorio, logró tomar las riendas y revertir la gravísima situación en su país. Incluso los chinos que apelaron a su estado autoritario, pero lograron frenar lo que podría haber sido una catástrofe en su población.

Pero hubo otros lados donde los gobiernos en lugar de contribuir a resolver el problema, lo han agravado.

A la cabeza, aparecen varios americanos: Trump, Bolsonaro, López Obrador, Alberto Fernández, sin entrar a nombrar a Maduro porque la situación es tan caótica en Venezuela que ni se conocen bien los números de una propagación que se sospecha muy problemática.

Pero también algunos europeos, como en los casos de España e Italia donde el caos organizativo en los niveles de salud ha primado.

Esta breve descripción de contexto, permite introducirnos en nuestro país.

Aquí ha habido una excelente performance del área científica. Pocas cosas reúnen más consenso y gratitud que lo que está haciendo el GACH.

También el área de la salud, desde el Ministerio del ramo a cada uno de los integrantes del personal médico, de enfermería y de apoyo, que cuentan con la admiración y reconocimiento de todos por la actividad sacrificada, peligrosa y tan desgastante a que se han visto sometidos y han respondido con sabiduría y una vocación que llega hasta a emocionar.

Pero en el área política, dejamos mucho que desear.

El Presidente Lacalle Pou ha mostrado liderazgo y ha sido hasta elogiado internacionalmente por su manejo de la pandemia en los primeros meses.

Pero más recientemente la madeja se le ha entreverado y el gobierno no está sabiendo cómo resolver el problema.

Es evidente que la irresponsabilidad de algunas personas, el miedo a quedarse si trabajo o la posibilidad de ganarse el sustento de otras, el agotamiento emocional de los profesionales que deben lidiar con dramas humanos que nos resultarían insoportables para la mayoría de nosotros y la creciente politización del tema, se están constituyendo en ingredientes de un cocktail que nos está paralizando mientras día a día crece el número de contagios, los muertos y la saturación del sistema sanitario.

Mientras el gobierno se muestra inflexible, aparecen legisladores que piden la renuncia del Ministro de Salud que está teniendo un desempeño encomiable; integrantes de estructuras partidarias que amenazan con desencadenar aglomeraciones si no se posterga el plazo para juntar firmas para la LUC; otros que mencionan el cuco de las Medidas Prontas de Seguridad o el toque de queda; caceroleadas para que el gobierno imponga no se sabe qué medidas; los gerontes políticos desde su reclusión voluntaria, aconsejando día sí y día no, alguna medida adicional como sabios de pacotilla; personas que se niegan a todo tipo de restricción pues suponen que puede ser el preámbulo de un estado autoritario…ah, y los insoportables que siguen negando la pandemia y hablan de una gripecita.

Lo que es peor aún, es que la ciudadanía parece estar desconcertada y uno lee en las redes todo tipo de disparates sobre las medidas que hay que tomar por parte de pretendidos sabihondos, que esconden fanatismos, radicalismos, agresiones y descalificaciones que exigen de los demás, lo que pocos están dispuestos a hacer.

Mientras tanto, la movilidad está tan campante y el virus se sigue expandiendo.

Pues bien. No hemos tomado conciencia de que estamos en un estado de guerra, contra un enemigo muy particular, que es invisible, imperceptible, que se nos mete en nuestras casas, en nuestros trabajos, en nuestros transportes. Un enemigo peligrosísimo porque puede ingresar en nuestros organismos sin que nos demos cuenta y matarnos en cuestión de días en la manera más atroz.

Y si estamos en estado de guerra, tenemos que actuar concordantemente. En una situación de emergencia.  Identificando el enemigo en común y tratando de liquidarlo, al mismo tiempo que apoyamos a la gente para que pueda sobrevivir aunque sea con un sustento básico, mientras las bombas van cayendo cada vez más cerca.

A uno no se le ocurre que en los grandes conflictos bélicos, los ciudadanos estuvieran discutiendo las medidas de los que estaban en pleno campo de batalla, o que los parlamentarios estén especulando o reclamándole al gobierno que ataque por tal o cual flanco del enemigo, ni gente que saliera a cacerolear reclamando que los bombardeos se formularan por tal o cual lado.

Más bien, el espíritu es de unidad, de solidaridad, de sencillez para seguir los lineamientos de quienes están entrenados para cada batalla y al mando.

En lugar de estar lanzando al vuelo propuestas o perfilismos, la hora requiere un marco de unidad nacional que permita adoptar las medidas más adecuadas, en los momentos más adecuados y con los asesoramientos más adecuados.

Y que por un tiempo, dejemos nuestras disputas de lado para terminar con el enemigo común, antes de que él termine con nosotros.

Estamos frente a situación excepcionalísima. Y la política debe reaccionar acorde.

Las prácticas habituales, los electoralismos, los oportunismos, los perfilismos, los egos y las vanidades, deben quedar de lado.

Ya habrá tiempo de retomarlos.

Ahora, humildad y unidad frente a un enemigo tan poderoso.

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