Política nacional

Jugar a ganar, no a perder

Fátima Barrutta

No hay duda de que el jueves pasado los goles de Uruguay se festejaron con un solo grito en cada rincón del país.

Los resultados deportivos nunca deben llevar ni al exitismo ni a la frustración, por supuesto.

Pero cuando son tan buenos y tan merecidos, como en el triunfo contra Argentina dos a cero, vale la pena no solo disfrutarlos: también extraer de ellos un ejemplo de la manera como hay que trabajar para conseguir los mejores objetivos.

Desde nuestras pantallas vimos a una celeste que contagiaba energía y talento.

Lejos de achicarse frente al campeón del mundo, que además jugaba en su propio país, peleó cada pelota con pasión y demostró un aceitado trabajo en equipo, donde uno más uno fueron mucho más que dos.

Y aquí vamos al ejemplo que quiero extrapolar a nuestra realidad política.

La coalición, ¿está jugando el partido de gobernar con la misma precisión y coordinación con que lo hace nuestra selección de fútbol?

La pregunta viene a cuento de una noticia patética que recibimos esta semana.

Fernando Amado, el excolorado que migró al Frente Amplio y tiene un cargo en la Intendencia de Carolina Cosse, acaba de publicar un libro que apunta a ser una extensa entrevista a Guido Manini Ríos, líder de Cabildo Abierto y, como tal, integrante de la coalición de gobierno.

El semanario Búsqueda adelantó las frases más curiosas que Amado atribuye a Manini, y que están respaldadas por un entrevistado plenamente consciente de que lo estaban grabando.

Allí el líder cabildante admite que siendo comandante en jefe del ejército a las órdenes del presidente Tabaré Vázquez, presentó un documento crítico del Poder Judicial a sabiendas de que por ello sería destituido, y habiendo preparado previamente el escenario de creación de un nuevo partido al que candidatearse.

Con ello pone al desnudo una estrategia política que, por estricta limitación constitucional, no le correspondía echar a andar.

Y por el camino agrega opiniones que lesionan indudablemente sus vínculos con los líderes de los socios coaligados. Desliza comentarios despectivos contra Luis Lacalle Pou y Julio María Sanguinetti, diatribas que lo único que hacen es alimentar el relato agraviante de buena parte de la oposición contra estas personalidades públicas.

No queda claro por qué lo hace.

Integrar la coalición de gobierno no solo otorga el derecho a recibir cargos. También implica responsabilidades.

Se puede discrepar de los socios. Incluso es factible impulsar leyes que no sean de consenso oficialista, porque mal o bien esas normas pasarán por el parlamento, y en su incorporación o rechazo, representarán lo que reclama la voluntad mayoritaria de la ciudadanía. Todo eso es admisible. Pero de ahí a agraviar gratuitamente al partido socio, deslizando apreciaciones subjetivas más propias de una discusión de boliche que de un libro, hay un límite que Manini no duda en transgredir.

No lo vemos jugando a ganar, como hizo la celeste el jueves pasado.

Más bien lo vemos dibujando un perfilismo que cree ingenioso pero que en el fondo es autodestructivo: porque si tan mal piensa de Lacalle y Sanguinetti, es difícil para el votante entender por qué gobierna con ellos.

La imagen de estos últimos no se deteriorará por esa maledicencia: la gente de a pie comprende que, si son atacados tanto por los izquierdistas radicales como por un exgeneral de derecha, debe ser porque están donde deben: en el centro del espectro ideológico, tan atentos a una gestión económicamente sólida como a una solidaridad irrenunciable con los más vulnerables.

Lejos de colocarse en un lugar de destaque, lo que hace el líder de Cabildo Abierto es arrinconarse tan a la derecha, que corre el riesgo de caerse del espectro, perder su posición en una balanza donde hay solo dos platillos: la coalición o el Frente.

El trabajo de los partidos que obtuvimos menos votos que el Partido Nacional no es dinamitar a la coalición, sino mejorarla.

Demostrar que en los hechos podemos aportar para la próxima elección a los mejores hombres y las ideas más pertinentes, para continuar una senda de crecimiento que el país reemprendió a partir de 2020.

El ciudadano, como el jueves pasado lo hizo Bielsa, elegirá con sabiduría quién quiere al frente del gobierno en un segundo período de la Coalición Republicana (¡y vaya si los colorados tenemos precandidatos de lujo para ganar tal desafío!).

Nunca elegirá de número 10 a un jugador que meta goles en contra.

No entender esto es, claramente, no entender nada.

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