Política nacional

La fábrica de mentiras y las gambetas diplomáticas

Daniel Manduré

No se puede andar con medias tintas, titubeos o tibiezas cuando lo que está en juego es avasallar la soberanía de una nación, que tiene  todo el derecho a decidir su destino. A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Las dictaduras son dictaduras y las invasiones son invasiones. La condena y repudio debe ser firme y contundente.

No son momentos de marchas y contra marchas, ni de mirar para el costado para ver que hacen los demás.

No son momentos de ambigüedades y menos aún de gambetas diplomáticas.

Urgen las demostraciones de solidaridad firme y decidida en apoyo a la nación invadida y del más absoluto rechazo al déspota invasor.

Putin es una gran fábrica de mentiras. Un ultranacionalista con las ínfulas de un zar de otrora.

Que ha desempolvado los viejos manuales de la KGB poniendo en práctica sus antiguas estrategias de desinformación, engaños, noticias falsas y esa gran habilidad para subvertir la realidad.

Esa maquinaria bien aceitada de mentiras que esconden sus intenciones de expansión, su fiebre de poder y sed de conquista.

Esa necesidad de crear enemigos imaginarios que fundamenten sus irracionales e inhumanos ataques.

Hay, más allá de cierta pasividad o alguna neutralidad, una visión casi unánime de repudio al cobarde accionar de Putin.

Un accionar del Presidente ucraniano que es de destaque, Zelensky es todo lo que no es Putin.

El primero símbolo del coraje y valentía frente a la cobardía del segundo.

El presidente ucraniano encabezando la lucha por la libertad y bienestar de su pueblo mientras Putin preocupado por sus propias ambiciones personales y en acumular poder.

Un Zelensky comprometido a la lucha contra la corrupción y un Putin que es la corrupción misma.

Los bombardeos y los ataques continúan mientras se realizan conversaciones de paz difíciles. La guerra nunca resuelve problemas, los agudiza.

En el medio, como pasa siempre, un pueblo inocente que solo espera vivir en paz.

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