Editorial

Las jubilaciones de la derecha a la izquierda

César García Acosta

Cuando los llamados “cincuentones” fueron emplazados a acudir al BPS para informarse sobre sus futuras jubilaciones -años atrás-, jamás hubieran pensado que en 2023, en la antesala de una reforma, sería tan simple lo que hoy hace Cabildo Abierto desde el cerno oficialista, oponiéndose sin mayores fundamentos a los cambios que, si no se hacen, se sabe, dejará sin recursos a las prestaciones de los jubilados y pensionistas que vendrán.

Y como el contexto también importa (sobre todo cuando afecta el bolsillo), además del aporte del 15% que todos los trabajadores hacen al BPS para financiar la seguridad social, hay que sumar unos 7 puntos de los 22 del IVA, que aplican a ese mismo concepto: al financiamiento de las pasividades.

Los perjuficados de las primeras edades imputables para jubilarse (cincuentones),  por razones de cálculos y más por el accionar del Frente Amplio, resultaron en 2008 seriamente lesionados por las mal calculadas reformas izquierdistas. Aquellas medidas fueron el indicio de lo que sucedería hoy sino se reparara en los cálculos del otorgamiento, estableciéndose un equilibrio razonable entre los derechos y los beneficios. No haberlo hecho así enel ya lejano 2008, derivó en un desfinanciamiento crítico que, en buena medida, y es lo por lo que hoy intenta resolverse, requiere de medidas legislativas para evitar caer en el eventual vaciamiento del BPS.

Pero la economía debe operar en base a medidas contracíclicas que pongan límite a lo que inexorablemente llegará, y por eso el Frente Amplio -ahora a través de José Mujica- se adelanta a su presagio electoral y anuncia que de ganar los comicios habrá cambios en la seguridad social sobre la base de la reforma que ahora se propone.

La base ante la que se encuentra el sistema político es simple: hay que optar por enfrentar el problema del financiamiento del BPS sin aumentar los aportes mediante la rebaja del egreso global.

Y esto lo asumen todos los partidos políticos que integran la coalición de gobierno. Implica, obviamente, no pensar -como regla- en una mejora sustancial de los beneficios pero sí de las garantías de percepción delas pasividades. Para los republicanos no habrá incremento de las fuentes de financiamiento ya existentes, ni una disminución de las exoneraciones de los aportes patronales que se han ido acumulando durante años. El debate -hoy y mañana será- sólo el mínimo recorte de las actuales prestaciones en lo que se incluye la edad de tope y el plazo de los años para un mejor promedio de cálculo. Y en eso esta enfrascado el Frente Amplio.

Allí se centrará el debate reformista que tantas críticas se levantan desde el estereotipo en la izquierda y desde el propio Cabildo Abierto.

Mientras tanto, el país de las grandes extensiones territoriales -pero sin gente-, mantiene sus rasgos más típicos entrelazando su historia de derechos históricamente consagrados, a la distribución social de las cargas impositivas, la pérdida del flujo natural de los ingresos por trabajo y sus niveles de aportación. Por eso, mientras sigamos en el país de salarios por 30 mil pesos menuales, los índices de afectación al IRPF seguirán siendo tan limitados como la capacidad del Estado para mejorar una sociedad sobre la base de los mismos recursos afectados para mejorar la calidad de vida de su gente.

Por eso lo del principio: Cabildo Abierto sabe que votará esta reforma, y sabe que se trata de un debate por ideas, sino por estrategias, donde lo que prevaleve para los liderados por el “general” no es otra cosa que un mensaje sin contenidos, inaplicable a la hora del “2+2”.

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