Lo que obliga la ley y lo que se puede hacer
Zósimo Nogueira
Hay principios como el de inocencia o no culpable; el derecho a no decir y aún de mentir; la imparcialidad; libertad de conciencia; todos deben preservarse. No hay que generalizar en el comportamiento de las masas. Tampoco debemos trasladar a nuestro contexto comportamientos de otras latitudes, que son magnificados según la tendencia o percepción de quien lo describe y sin suficiente información para coincidir en su evaluación. Me refiero a lo que gira en torno a los espectáculos llamados deportivos y a algunos eventos con tinte cultural los grandes conciertos con su nota de reivindicaciones sociales, religiosas y políticas. En todos ellos se enciende algo intimo en la interna de cada ser, alentados, encendidos o aletargados por la simbiosis del emisor-receptor.
Ya vimos lo ocurrido en el último clásico Nacional-Peñarol en el estadio Centenario en donde se arrojaron varias bengalas y una de estas cayó en el área de trabajo de los periodistas; impacto con grave daño en un funcionario policial que allí se encontraba.
Las lesiones de entidad, intervención quirúrgica y extirpación de órgano al policía que quedo disminuido de por vida.
Las investigaciones indican que se puede llegar al responsable, pero en qué medida podría este individuo saber éste del resultado de su imprudencia, de su desobediencia a la norma.
Seguramente solo quería festejar, demostrar alegría.
Una inconducta con horrible consecuencia.
Habrá este individuo ingresado esa bengala o solo la encendió, y las otras bengalas que surcaron el mismo cielo.
La culpa está, seguramente compartida con otros individuos, tan irresponsables como él.
El acto de festejo se convirtió en un acto criminal, punible. Justificadamente punible, que debe ser ejemplarizante.
Quienes son los responsables y sobre quienes hay que poner la mira al momento de tomar medidas. Responsables por acción y responsables por omisión.
Como primeras “medidas sanciones” se ha acostumbrado a a la de quita de puntos, multas e inhabilitación de escenarios ajenos al hecho.
La AUF tiene a su personal de seguridad que inspecciona los recintos deportivos con antelación a los espectáculos, hay un sistema de cámaras que para que cumplan su fin deben ser monitoreadas.
Luego de las inspecciones como en cualquier prestación de garantías debe establecerse un servicio de vigilancia y contralor de cosas y personas de mantenimiento, proveedores, autoridades etc. Como cualquier custodia.
Aquí entra la responsabilidad del Ministerio del Interior con su control poblacional y de ingreso que moviliza personal de la
Guardia Republicana y de otras unidades. Orden de operaciones con un puesto de mando centralizado. Para lo interno y externo.
La eficiencia en las comunicaciones es esencial, tanto como la ubicación y movilidad de los efectivos policiales.
Lo externo funciono adecuadamente, lo de adentro es claro que no. Ingreso pirotecnia. Bengalas no autorizadas. O la estrategia no fue la adecuada, o simplemente hubo fallas humanas.
Tengamos claro que el trasgresor deportivo, al igual que quien comete cualquier delito busca los mecanismos para sortear controles y eludir a la autoridad. El eterno juego del gato y el ratón.
Si todo fuera advertido y contenido no habría delitos, nuestra realidad criminal dice lo contrario.
Las bengalas ingresaron, lo mismo que tantas cosas ilegales, todo disfrazado de legal. Es habitual observar y hasta respirar el humo del consumo de marihuana y otras drogas.
Cuantos negociados se realizan a ojos vista. La concentración de masas es una oportunidad para el anonimato. Hay que ser más eficiente en el uso de las tecnologías aplicadas.
Se exigió la instalación de cámaras de identificación facial, en el caso del Estadio Centenario y grandes escenarios, los asientos son numerados.
Si a los clubes organizadores y participantes se le exigen lo de los controles, lo de determinadas comodidades para el espectador, la contratación de cierto número de efectivos policiales no se les puede sancionar por una falla del sistema sin probarse su responsabilidad.
No mezclar lo deportivo con lo organizativo, nadie puede hacerse responsable del comportamiento de individuos que operan solapadamente encubiertos por el tumulto de las masas.
Hay que probar vínculos y responsabilidades y no es de recibo lo que dicen que los clubes regalan entradas, el tema pasa por los controles de ingreso y el mantenimiento del orden antes durante y al término del evento.
Se puede poner un quiosco en 18 de julio, promocionar un evento y regalar entradas a quien pase y eso no significa responsabilizarse de comportamientos individuales.
Es cierto que los clubes pueden hacer uso del derecho de admisión.
Con tantas puertas de ingreso y tal volumen de público concurrente es muy difícil, habrá que implementar nuevas tecnologías con ayuda de inteligencia artificial.
Creo que es posible pero no las tenemos.
Que hay una lista de personas con ingreso prohibido por resoluciones judiciales u administrativas es cierto.
Habrá que afinar los mecanismos de control, (tecnología mediante) no son tantos.
Otra inconsistencia. Periodistas y panelistas de programas de actualidad han opinado sobre que estos individuos deben concurrir a una seccional o unidad policial los días de partido.
Eso sería abuso de autoridad. Privación de libertad. De no mediar una orden judicial y muy justificada es una situación de abuso absoluto. Quien cometió un exceso o inconducta puede ser impedido de ingreso y por determinado tiempo, no se puede presumir de su intención de ir o no a un partido de futbol.
Es suficiente castigo que no se le permita el ingreso pero de ahí a sentenciarlo por la actividad de un club es demasiado.
Puede que su mala conducta no tenga relación. Amerita saber más. No todos los que concurren a ver un partido son hinchas.
Lo de las “barras bravas”, un término indefinido. Los hay violentos, los hay pacíficos; son bullangueros que exteriorizan sus simpatías deportivas. El gran problema es que muchas se nutren de gente sin cultura, sin límites, con la impronta de colectivos barriales violentos que no tienen proyectos de vida.
Eso es lo que requiere de una tarea social del club, promoviendo valores como marca de pertenencia deportiva.
Por mucho tiempo algunos clubes lo desarrollaron, pero en la actualidad el fenómeno del consumo de drogas a reducido su incidencia, habrá que insistir en esos antiguos caminos.
Hay que trabajar sobre las masas, que estas visibilicen u excluyan a los violentos.
Ahí se verá la influencia de la dirigencia deportiva.
Este fin de semana otro clásico sin público y en una localidad cercana al Campeón del siglo una balacera. Dos muertos.
El homicida, un policía. Luego del partido un grupo de exaltados hinchas van en motos hacia su casa por estar identificada con el cuadro rival. Los enfrenta con este resultado.
Es responsabilidad de los clubes. Ciertamente que no. Otra falla del mantenimiento del orden, pero seamos justos. “Imprevisible”
Imposible de pronosticar. Queda mucho por andar. Hay mucho que hacer sin eludir responsabilidades. Se puede.