Política nacional

Política sin etiquetas

Ricardo Acosta

Ya lo dijo mi tocayo Arjona:

«Son iguales los defectos que hoy me tiras en la cara, que al principio eran perfectos…»

Desde hace unos años, he vuelto a escribir. Aca en el Semanario como en mis redes sociales.

Es una de mis grandes pasiones.

Cada letra, cada palabra o pensamiento publicado va en concordancia con mi independencia ideológica.

Mas allá de lo que escriba, sean temas de política o información en general.

Me siento totalmente libre, para poder opinar sin medir si hablo bien de unos u otros.

Pero está claro que hay personas que no piensan asi, y que ven la discusión política sobre todo como una cancha de futbol, y la llevan a un nivel como si todo fuera de vida o muerte, de buenos y malos.

Tribunean cada uno para su lado.

Manejan el «cueste lo que cueste tenemos que ganar» sin importar si es verdad o no lo que están defendiendo.

Parece que siempre operamos para alguien.

Pasas de izquierda a derecha como un partido de ping pong.

Convivimos con una sociedad encajonada, hipócrita, llena de estereotipos absurdos, que lo único que buscan es leer solamente lo que les gusta, y que no aceptan ver otras visiones u opiniones.

Siempre tengo algún que otro «fan» que se molestan en decirme que es lo que tengo que escribir o decir por privado.

Me «recomiendan» que hay cosas que mejor no hablar.

Siempre fui una persona independiente y me enorgullece poder hablar de política sin sentir la necesidad de definirme como de derecha o de izquierda.

Nuestro enfoque principal como periodistas independientes, es no ir ciegamente a una ideología específica.

Dicho esto, soy profundamente Batllista, de Don Pepe Batlle, un líder «progresista» que implementó una serie de políticas adelantadas a su tiempo, abriendo el camino para reformas sociales, educativas y laborales que sentaron las bases de la sociedad moderna de nuestro Uruguay.

Su legado perdura hasta el día de hoy y sigue siendo recordado como uno de los presidentes más influyentes en la historia del país.

Y asi lo piensan muchas personas, sin importar hoy en día a quien votan.

Como él y sus ideas políticas, han evolucionado con el tiempo, y es importante adaptarse a los cambios y desafíos.

Ser flexibles en nuestros pensamientos nos permiten a no estar limitado por una visión rígida del mundo.

En estas semanas se ha vuelto a tocar el tema de la Dictadura en Cuba.

Personas muy identificadas con la izquierda, han dicho que en Cuba no hay Democracia.

Desde una entrevista que el Licenciado Petinatti le hizo a Alberto Couriel,

 ex dirigente del Frente Amplio, hasta las declaraciones de Fito Páez sobre su documental.

En ambos casos, claramente el enfoque crítico los impulsa a cuestionar y formar sus propias conclusiones sobre este tema. No se quedan simplemente adoptando opiniones predefinidas de una ideología, sino qué en base a sus creencias políticas muy validas, fundamentadas en el análisis y la reflexión sincera.

De eso se trata.

Respeto profundamente la diversidad de opiniones y creo en el poder del diálogo constructivo para lograr el progreso.

Cuando no se está ligado a una ideología en particular, siempre se está más abierto a escuchar y comprender diferentes puntos de vista, lo que siempre enriquece la perspectiva y sano el debate.

¿Porqué si una idea beneficia a la sociedad, y está bien fundamentada, no se considera para ser tomada en cuenta y discutida con seriedad, más allá si viene de la derecha, centro o de la izquierda?

Es vital evitar la polarización y la confrontación innecesaria.

La famosa grieta de las que tanto hablan y quieren imponer.

 «Nosotros contra ellos» en vez de caminar juntos más allá de lo que cada uno piensa

Si, sé que es utópico, porque nuestra ideología política es compleja y no se limita a una etiqueta simplista.

Como individuo, periodista y hombre a pie, tengo opiniones que pueden alinearse con diferentes corrientes políticas en diversos temas, y eso creo que es completamente válido.

Creo que esa diversidad de pensamiento es lo que enriquece nuestra sociedad y nos permite crecer como sociedad.

La independencia política brinda la oportunidad de explorar, aprender y crecer intelectualmente.

Lógicamente todos tenemos un gen partidario, pero no por eso dejamos de ser auténticos y fieles a nuestras convicciones. Manteniendo una mente abierta y dispuesto a considerar diferentes perspectivas.

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