Primer Territorio de la Dignidad
Kim Gómez Parentini
En 1908, Uruguay tenía poco más de un millón de habitantes y 151 mil viviendas.
Más de un siglo después, somos 3,4 millones de personas y tenemos más de 1,6 millones de viviendas. Multiplicamos por once nuestro stock habitacional, pero apenas por 3,4 nuestra población.
Hoy tenemos, en promedio, una vivienda cada dos habitantes. Y sin embargo, cuatro de cada cinco viviendas están ocupadas… es decir, una de cada cinco está vacía.
Ese dato no es una estadística, es una alerta. Es un llamado moral. Es un espejo social que nos obliga a preguntarnos quiénes somos y qué país estamos construyendo.
Porque la vivienda no es un techo.
Es el primer territorio de la dignidad humana.
Es donde un niño aprende a soñar, donde una familia busca su estabilidad emocional, donde la ciudadanía empieza—o no empieza— a existir.
No hay desarrollo humano sin un hogar. No hay equidad territorial sin vivienda. No hay República si hay uruguayos sin lugar donde afirmarse.
Por eso, valoro enormemente que la Comisión de Vivienda del Senado, que integra el Senador Tabaré Viera, recorran cada departamento, no están recorriendo “casas”, están recorriendo vidas.
Por ejemplo, en Mercedes, Soriano, tienen un excelente plan de tierras, integración urbana, ordenamiento. Pero aun así, según el censo, hay 6.400 viviendas desocupadas, un 17,5% del total.
Es decir, viviendas sin vida,
mientras hay familias sin vivienda.
En el caso de Río Negro,
encontramos 4.626 viviendas vacías. Y no son los departamentos con más dificultades. Es un número frío, sí.
Pero cuando uno lo mira con ojos
con sensibilidad político humanista, entiende que ese número significa algo más.
Significa oportunidades perdidas.
Significa desigualdad territorial.
Significa un interior frágil, una descentralización que no llega a tiempo, una inequidad que se repite desde hace décadas.
Donde haya un uruguayo, el Estado debe estar.
Y ese espíritu Batllista sigue siendo nuestra guía.
Porque la vivienda es el primer lugar donde el Estado debe estar.
Es el comienzo de toda política pública seria, estable, humana.
La República es una construcción moral.
Y no puede haber construcción moral si el suelo donde vive nuestra gente está lleno de huecos, ausencias y olvidos.
Por eso este tema no es de izquierda ni de derecha.
No es urbano ni rural.
No es de un partido ni de otro.
Es un tema republicano.
Un tema de país. Un tema humano.
Y quiero decir algo más, con total claridad, el interior y aún más el norte, no puede esperar otros veinte años para tener vivienda digna. El norte no puede resignarse a que su fragilidad sea destino.
La descentralización no puede ser un discurso, tiene que ser acción, inversión, presencia, sensibilidad.
Vamos Uruguay —la corriente que encarna lo moderno, lo transformador —
tiene una responsabilidad enorme. Ser la voz del interior,
ser la conciencia de la equidad,
ser el faro de la República justa y feliz. No estamos discutiendo ladrillos. Estamos discutiendo dignidad. Estamos discutiendo igualdad de oportunidades.
Estamos discutiendo el país que le vamos a dejar a nuestros hijos y a nuestros nietos.
Y ese país comienza por la vivienda. Por un hogar donde un niño pueda dormir en paz.
Por un barrio donde una familia pueda crecer.
Por un territorio donde la República sea más que una palabra,sea un derecho.
Sigamos con humanidad, con razón, con ética.
Sigamos con esa mezcla de emoción y responsabilidad que definió al Partido.
Sigamos porque Uruguay necesita, más que nunca,
política con alma y vivienda con justicia.