Política Internacional

Relaciones peligrosas

Lorenzo Aguirre

En un principio, Estados Unidos y China estarían buscando lograr un equilibrio entre sus múltiples diferencias, pero las disputas parecen seguir firme, más aún luego que Washington condenara a China – en la Cumbre del G7 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, y Canadá), llevada a cabo en la sufrida ciudad de Hiroshima – por la tensión y coacción económica que está imponiendo. El Secretario de Estado norteamericano Antony Blinken estuvo con el presidente chino Xi Jinping, e intentó al menos flexibilizar el corredor político entre las dos potencias, porque el problema no radica solo en las fuerzas económicas, sino en la rivalidad incisiva en otros aspectos nocivos, como el “jueguito” de la guerra. En efecto, las cosas están cambiando exponencialmente, e incluso, ahora, el tiempo financiero, pues al parecer solo una parte del mundo continúa en él, mientras, por otro lado, Occidente se defiende para no ser manejado por el capitalismo chino, ni por los populismos de izquierdas y derechas.

De todas formas, más allá de lo expresado, existen comunidades soñolientas, y otras navegando en un sonambulismo crónico, imposibilitadas de relacionar que, las fricciones de actualidad, en realidad suman a una problemática enquistada desde hace tiempo, teniendo su punto neurálgico en el discurso sobre la situación de Taiwán, porque la administración estadounidense no ha modificado su postura en cuanto a la concepción de “una sola China”, en la cual, Estados Unidos, no está de acuerdo con la independencia de Taiwán, pero, al mismo tiempo presiona para que no exista una modificación en cuanto a la autonomía de la isla, y pretende sostener el actual statu quo.

Después de cinco años de distanciamiento llegó por primera vez un Secretario de Estado estadounidense al gigante asiático para supuestamente pretender llevar adelante una postura conciliadora, pero, Antony Blinken, expresó su preocupación por las violaciones a los derechos humanos por parte de China, en particular en la zona de Tíbet y Hong Kong, como asimismo en la región de Xinjiang.

La respuesta tuvo una lectura bastante amarga, la cual, Blinken, la asimiló poniendo cara ingenua, inocentona, rebuscada sonrisa, amabilidad y “afecto”, para salir del provocado aire viciado.

Más allá de lo expresado, la frustración del enviado por la Casa Blanca ha sido no obtener una aceptación por parte de China, en relación a la reactivación de cooperación militar, compromiso que hace un año se diluyera cuando Nancy Pelosi –  entonces Presidente de la Cámara de Representante de los Estados Unidos – llegara a Taiwán, para apoyarlo, hecho que, obviamente, provocara ira en militares chinos.

El otro aspecto que Antony Blinken trató sin forma ni estilo fue exigir al gobierno de China, mantener la atención en monitorear si empresas privadas chinas suministran ayuda letal al Kremlin, en cuanto al conflicto bélico entre Rusia y Ucrania.

Xi Jinping, había reiterado que no proporcionaría armamento a Rusia, en consecuencia, Blinken, con su insistencia, quedó finalmente en una posición incómoda.

El Director de la “Comisión Central de Asuntos Exteriores de China”, el diplomático Wang Yi – principal figura en cuanto a política exterior de Pekín, incluso estando por encima del Canciller -, expresó que, la preocupación errónea de Estados Unidos sobre China, es culpable de empeorar las relaciones, y se debería elegir entre diálogo, o confrontación, entre cooperación, y conflicto.

El comportamiento de Blinken fue no solo desmedido, sino que, además, no gozó de habilidad para tratar el tema bélico, más teniendo presente que, el Secretario General de la “Organización del Tratado del Atlántico Norte” (“OTAN”), Jens Stoltenberg, manifestó no cursar a Kiev la invitación formal de ingreso a la alianza, y que, por el momento, no será parte de la misma.

Sin lugar a dudas las declaraciones de Stoltenberg cayeron como balde con agua helada, no solo a Ucrania, sino a jerarcas conformando el bloque de referencia, pero sería ocasión para hacer memoria y no poner cara de tontos, porque, el mes pasado, el presidente de Francia, Emmanuel Macron – en la “Conferencia de Seguridad” celebrada en Bratislava, Eslovaquia -, dijo: “ debemos ser francos, y no tener esperanza respecto a que, en la próxima “Cumbre de Vilna” (Lituania), se llegue a un consenso en relación a dicho tema”.

A esta altura, los socios en la “Organización del Tratado del Atlántico Norte”, están brindando ayuda militar a Kiev, pero, ir en busca de congelar un conflicto, o aceptar un acuerdo con reglas del autócrata ruso, se convierte en hipocresía, como asimismo, expresar: “cuanto más terreno sea capaz de liberar Ucrania, más fuertes son las posibilidades en la mesa de negociaciones” – al decir de Stoltenberg -, manifestación atrevida, de grosería desbordante y falta de respeto hacia Ucrania, que, con lo narrado, las posibilidades de paz, de finalizar el conflicto, se convierten prácticamente nulas, y sin lugar a dudas la guerra entre Rusia y Ucrania, durará bastante tiempo más.

Por su parte, mandatarios africanos se presentaron ante Kiev y San Petersburgo, acercando una propuesta de conciliación, pero de ambos lados los mandaron a freír pasteles, como así también las páginas de mediación – obviamente, no desinteresadas – de Indonesia, Brasil, el Vaticano, y Hungría.

La reunión entre Washington y Pekín, ha sido contenida, y las relaciones se encuentran en niveles bajos en un momento en el cual, Xi Jinping, fue recientemente “elegido” (lista única) – votado por unanimidad por la “Asamblea Popular Nacional”, o mejor dicho el falso Parlamento, haciendo mandados al “Partido Comunista Chino” – para un tercer mandato, y ahora busca potenciar la economía, como así también balancear “algunos” lazos internacionales,

De todos modos, los cambios sustanciales por parte de China, respecto a Estados Unidos, serán débiles, pues, si bien el presidente Joe Biden, dijo: “en los próximos meses me encontraré con Xi Jinping”, el mandatario chino es cauteloso.

El próximo año se llevará a cabo las presidenciales en Estados Unidos, y Joe Biden busca un nuevo período, hecho que, quizá, el deshielo se demore.

Sería bueno recordar la mediación de Pekín, restableciendo vínculos entre Irán, y Arabia Saudí, estrategia afirmando la estructura geopolítica y acomodando los platos de la balanza en la guerra entre Rusia, y Ucrania, donde el presidente Xi Jinping, tomara posiciones ambiguas

Con su reelección, Xi Jinping abandona en cierta forma su modo de pedir “alto el fuego y soberanía para todos”, y estrecha aún más los vínculos con el autócrata Vladímir Putin, pues, sin lugar a dudas, es engorroso mantener un “affaire” con Washington, proyectar artificios contra Occidente, y tomar vodka edulcorado en Moscú, mientras se planifica imponer hegemonía.

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