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Verdad, Sangre y Fuego

Nicolás Martínez

Corría el siglo XVI cuando el estadista Sir Francis Bacon sentenciaba que “La verdad es hija del tiempo, no de autoridad”. Y al referirme a verdad o a la verdad, lo hago en el sentido de correspondencia y relación. A propósito de este sentido, Aristóteles afirmaba que “Negar lo que es y afirmar lo que no es, es lo falso, en tanto que afirmar lo que es y negar lo que no es, es lo verdadero”. La verdad entonces es lo que es, y la mentira, es la negación de la verdad, es decir, lo que no es.

En política en cambio, las distinciones entre verdad y mentira no resultan tan claras, no por la conformación de los argumentos y las premisas o las posibles conclusiones de un enunciado específico, sino que, por el contrario, por la manipulación, deformación y justificación por parte de sus actores. Es sabido que en un campo de acción permanente como lo es el ámbito público, se hace a cuestas muchas veces, la reflexión y el intercambio constructivo. Y es en este escenario, donde el lugar que debería ocupar la verdad es secuestrado por la opinión. Por opinión, Parménides entendía a aquellas ideas de naturaleza subjetiva y confusas que se oponen a la realidad, es decir, nuestra percepción de las cosas, una percepción sensorial y confusa de la realidad.

Hannah Arendt sostenía que nunca hubo un buen relacionamiento entre verdad y política, porque dentro de las virtudes de esta actividad pública, la verdad en sí no es una virtud. Y en relación con esto, Arendt señaló más de una vez, la sistematización de la mentira en la vía pública por parte de los totalitarismos, la que busca instalarse como verdad. No la verdad como lo que es, sino la mentira en lugar de la verdad, como lo que no es. Es entonces, como podemos apreciar cómo los distintos totalitarismos buscan ajustar una mentira a la realidad, o, dicho de otra manera, forzar datos de la realidad para ser instalados como verdad, o en su defecto, desaparecer los datos de la realidad, cuando no las personas.

Dejando a un lado la reflexión filosófica, quería traer a colación de esta discusión de verdad y esa suerte de dicotomía entre verdad y política que se da a veces, un hecho político que apunta en la dirección de la reivindicación de la verdad, la verdad como faro de construcción republicana y como motor de enseñanza en un sentido de aprendizaje humano para evitar repetir errores y horrores.

El pasado 23 de junio del corriente, se aprobó en el estado de Florida – Estados Unidos- una ley que apunta a la exigencia en la enseñanza pública, de los impactos negativos a través de la historia del comunismo. Este proyecto – Proyecto de Ley Civid Education Curriculum – fue presentado el pasado 4 de marzo luego de un arduo trabajo por parte de víctimas y exiliados del régimen comunista de distintas procedencias latinas; Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Ron DeSantis, gobernador de Florida del Partido Republicano, afirmó que “Es crucial asegurarnos de que enseñamos a nuestros estudiantes cómo ser ciudadanos responsables”. Durante la conferencia de prensa en el marco de la aprobación de esta ley y haciendo especial énfasis en los estudiantes de la educación pública, sostuvo que “Necesitan tener un buen conocimiento práctico de la historia estadounidense, el gobierno estadounidense y los principios que subrayan nuestra Constitución y Declaración de Derechos”. Y agregó: “Tenemos varias personas en Florida, particularmente en el sur de Florida, que han escapado de regímenes totalitarios, que han escapado de dictaduras comunistas para poder venir a Estados Unidos”.

DeSantis añadió: “Queremos que todos los estudiantes comprendan la diferencia, por qué alguien huiría a través de aguas infestadas de tiburones, digamos saliendo de Cuba, para venir al sur de Florida. ¿Por qué alguien dejaría un lugar como Vietnam? ¿Por qué la gente dejaría estos países y arriesgaría su vida para poder venir aquí? Es importante que los estudiantes entiendan eso”.

La noticia fue celebrada por la activista social Rosa María Payá, líder de la iniciativa Cuba Decide, quien a través de un video en redes sociales manifestaba lo siguiente: “Estamos muy contentos, estoy aquí en Three O, en Fort Mayers, en la Florida, donde hace sólo minutos el gobernador De Santis convirtió en Ley el esfuerzo que venimos apoyando durante meses ya, para que todos los estudiantes de la Florida conozcan sobre las atrocidades del comunismo en el mundo entero, pero también en Cuba, también en Venezuela, también en Nicaragua. Para que sepan que significa y el peligro que implica el haber tolerado, por ejemplo, una dictadura comunista por 62 años en la isla de Cuba, qué implicaciones tiene eso para cada uno de nuestros países. Después de hoy, los estudiantes de la Florida conocerán las historias de los fusilados cubanos, conocerán las historias de los presos políticos cubanos, conocerán las historias de lo difícil que es en este momento vivir en Cuba por culpa de ese régimen totalitario”.

Payá agregó: “Esperamos que este proyecto que ya es ley en la Florida sea una ley en todos los Estados Unidos, y ojalá en todo nuestro hemisferio se enseñe sobre los peligros del comunismo, y ojalá también, eso inspire a la solidaridad con Cuba, con Venezuela y con todos los que en América Latina luchamos por terminar con esa amenaza”. En su cuenta de Twitter celebró esto como “Una gran noticia: ¡Es una ley! A partir de hoy, todas las escuelas enseñarán sobre los horrores del comunismo, derribando mitos inventados por los enemigos de la libertad en Cuba y el mundo”.

Un dato no menor a tener en cuenta es que el 19 de septiembre de 2019, el Parlamento Europeo igualó al comunismo en un mismo nivel que al nazismo. Con un total de 535 votos a favor de la resolución, 66 votos en contra y 52 abstenciones, se condenó tanto al nazismo como al comunismo, afirmando que: “ambos regímenes cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones, y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad”. Se solicito además a todos sus miembros que: “hagan una evaluación clara y basada en los crímenes y actos de agresión perpetrados por los regímenes comunistas totalitarios y el régimen nazi”.

Este debate tuvo gran relevancia allá por el año 1997, en la celebración del 80° aniversario de la Revolución de Octubre con la publicación del controversial y polémico “Libro negro del comunismo”. Este trabajo de investigación dirigido por Stéphane Courtois reunió a un grupo de historiadores con afán de generar un preciso balance de las víctimas humanas de este régimen totalitarista con su correspondiente documentación de los hechos, entre ellos, los archivos desclasificados de Moscú. La cifra final de dicha investigación asciende a un total de 100 millones de muertos, cifra que cuadruplica las víctimas del nazismo.

Previamente a esto, en una resolución del año 2009, el Parlamento Europeo promulgó la fecha del 23 de agosto de cada año, como el día de las víctimas del totalitarismo. Esta fecha específica fue elegida por el otrora Pacto Ribbentrop-Mólotov, el que fue celebrado entre Alemania y la Unión Soviética en 1939.

Los hechos hablan por sí solos y sobran las palabras ante tantos horrores sufridos por la humanidad, y sepa el lector que no se trata de una valoración personal, sino por el contrario, una brevísima exposición de datos objetivos contrastados con la realidad, una realidad que muchos se niegan a aceptar y que incluso, ostentan justificar desde una mirada hemipléjica de la realidad y desde un relativismo moral oportunista. Y como bien señala el divino Platón: “Hay que tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad”.

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