Política nacional

La partida de Juan Ángel

Fátima Barrutta

El título juega a parafrasear al de la novela de Mario Benedetti “El cumpleaños de Juan Ángel”, una obra literaria agridulce. Lo es porque, por un lado, está bellamente escrita, pero por el otro peca de romantizar la guerrilla urbana de los años 60 y principios del 70, un experimento revolucionario que ocasionó un gran daño al país, tanto por su acción como por la reacción posterior, que fue usada para justificar una dictadura liberticida. 

Pero estas reflexiones no están dirigidas a criticar a la izquierda violentista de otros tiempos.

Quiero centrarlas en otro Juan Ángel muy distinto, que fue un batllista y demócrata de todos los tiempos y falleció el pasado 5 de octubre.

A lo largo de su fecunda vida, Juan Ángel Vázquez ocupó digna y eficientemente diferentes cargos ejecutivos y legislativos. Fue director de la Compañía del Gas, vicepresidente de AFE, subgerente administrativo de OSE y ocupó una banca en la Cámara de Representantes.

Pero más allá de esas funciones desempeñadas con solvencia, hoy quiero recordarlo por el ejemplo que me legó en el plano personal: el de una militancia de todas las horas.

En los últimos días, fue realmente emocionante recibir mensajes en los grupos de whatsapp que lo definían con palabras hermosas y elocuentes: “siempre leal al Partido. Trabajó en las buenas y en las malas. Es de aquellos que no se olvidan”.

“El querido ‘Pinta’ siempre diferente y obsesionado por servir al Partido hasta sus últimos días”.

 “Un viejo luchador por el Partido hasta el final”.

“Gran luchador de barrio. Dirigente del día a día y cara a cara con el más necesitado”.

Es así: todos están en lo cierto.

Todos muestran de cuerpo entero a un batllista excepcional que no se demoraba detrás de un escritorio ni a la sombra de un poder efímero. Que salía a la intemperie del mano a mano, que miraba a sus compatriotas a los ojos, que los escuchaba y comprendía, que los ayudaba sin otra motivación que la de cumplir con la verdadera vocación política: la de servir.

Estamos en una época en que mucha gente descree de nuestra actividad y lamentablemente tienen sus razones. Venimos de años de usos discrecionales del poder, con gobiernos populistas que dilapidaron los recursos públicos en proyectos faraónicos para mayor gloria de sus impulsores.

Pero especialmente en esos tiempos, en que los colorados no participábamos de la gestión ejecutiva, fue cuando más sobresalió la militancia política desinteresada, orientada a las necesidades de la gente.

Juan Ángel fue uno de esos luchadores incansables, artífices de un alcance territorial que mantuvo encendida la llama del batllismo, mal que pesara a los traficantes de prebendas que aprovechaban estar en el poder para desplegar demagogia e infundir sectarismo.

Celebrar la vida de Juan Ángel Vázquez es hoy rendir homenaje a todos los militantes que ponen razón y corazón en hacer la buena política, esa política que no busca acumular votos ni arrear a la gente como ganado, sino que es entendida como servicio público.

Es el ciudadano de a pie que no obra por interés personal sino por convicción humanista.

Que dedica su vida y sus mayores esfuerzos a la política, porque la vive como una misión ética.

No fue el Juan Ángel imaginario de Mario Benedetti, que entendía necesario destruir la institucionalidad democrática detrás de una ideología colectivista.

Fue un Juan Ángel verdadero, republicano ejemplar y batllista apasionado.

Su recuerdo nos seguirá guiando por el camino de una fervorosa militancia.

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