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Los super poderes de la Fiscalía de Corte

Por una Fiscalía colegiada.

El 29 de setiembre de 1899 el presidente Juan Lindolfo Cuestas envía un mensaje al parlamento para crear el cargo del Fiscal de Corte y Procuraduría General de la Nación. Su nombramiento corresponderá a la Suprema Corte de Justicia y cuya competencia será el nombramiento de los fiscales.

Unos años después y con varias modificaciones el proyecto se aprueba.

A partir de allí mucha agua corrió debajo de los puentes.

Desde ese momento y hasta la actualidad fueron muchos los cambios, los debates, la confrontación, la diversidad de doctrinas donde se exponían y sostenían posturas encontradas.

Donde había también diferencias en cuanto a las características de quien deberá ocupar tan alta responsabilidad como de su forma de nombramiento, grado de dependencia y cuáles deberían ser sus competencias.

Hasta que llegamos al 2015 donde se produce una modificación de naturaleza jurídica. Cambio considerado vital para su funcionamiento futuro. Pasando a ser un órgano descentralizado, completamente autónomo y electo por 10 años.

A partir de allí y ya con el fiscal Jorge Díaz en funciones comenzó a observarse una acumulación de poder poco sana.

Una Fiscalía con superpoderes. Donde el propio Díaz de su puño y letra redactaba pautas que le permitían hacer y deshacer a su antojo.

Pudiendo designar, promover, trasladar y destituir sin siquiera necesitar la venia parlamentaria para hacerlo.

Esta medida contó con la oposición del propio gremio de fiscales por afectar directamente su independencia profesional.

¿Es sano que un órgano con tan alta responsabilidad y que concentra en si la toma de tan importantes y delicadas decisiones acumule tanto poder?

¿Es esa la Fiscalía de Corte que necesitamos y queremos?

Me parece que no.

Claro que los nombres y las características del profesional sobre el que recaiga tan alta distinción es importante, pero aquí creemos que más que un tema de nombres hay un problema de estructura.

No es buena esa acumulación exacerbada de poder, demasiado para solo dos manos.

Escribíamos hace unos años sobre la necesidad de transformar la Fiscalía de Corte en un organismo colegiado. Estamos de acuerdo con el espíritu del proyecto presentado en su oportunidad por el diputado Gustavo Zubía.

Se pudieron percibir en este tiempo y a partir de esas últimas modificaciones, errores notorios en la toma de decisiones del ex fiscal Díaz, rodeadas de polémicas. Momentos de encuentros y desencuentros, de una excesiva exposición mediática, de decisiones muy discutibles y con dualidad de criterios.

Se fueron tejiendo en torno a su figura y sobre todo en cuanto a su gestión, muchas suspicacias, doble sentido, alusiones permanentes a sus posturas ideológicas, lobbies de presión y hasta sanciones a fiscales que luego eran levantadas por el Tribunal de lo Contencioso Administrativo.

Voces de actores políticos que lo criticaban duramente, otros que lo defendían a morir y algunos que se paraban en el camino del medio.

Pero todo ello no contribuía ni contribuye con el mejor clima.

La cuestión no es insistir en un fiscal que ya no está, ni tampoco comenzar a hablar ahora del interino Fiscal Gómez que también comienza a estar, por sus últimas decisiones, en el ojo de la tormenta.

Por ello reiteramos esa necesidad de reformular la estructura de la fiscalía, hacer de él un organismo colegiado, que descomprima la presión y las responsabilidades en un solo nombre.

Que termine con super poderes que no le hacen bien a la institucionalidad.

Sabemos que no es fácil, son necesarias mayorías especiales. Se necesitarían grandes acuerdos, dificultosos de lograr si uno mira el panorama político actual.

Con una oposición más interesada en apedrear y confrontar, que en buscar acuerdos.

Pero no hay causa, que uno considere justa que sea imposible de lograr.

No hay peor intento que el que no se hace. Como decía el nobel premio de economía John Forbes Nash (genio matemático, que tan bien, dicho sea de paso, inmortalizara en la pantalla Russell Crowe en “Mente Brillante”) al decir:” con cada nuevo intento, me acerco más al éxito”. Eso lo sabe solo la persona que persiste en el esfuerzo.

Por ello hay que insistir una y otra vez: por una Fiscalía colegiada.

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