Política nacional

“Ni un tranco de pollo”

Ronald Pais

“Asia vive obsesionada con el futuro y guiada por el pragmatismo. América Latina vive obsesionada con el pasado y guiada por la ideología” (Andrés Oppenheimer)

Las posturas de dejar de mirar el pasado para enfocarnos en el futuro son coincidentes con lo que hemos sostenidos desde estas mismas páginas (Opinar No. 617 “Sí a la vuelta de pagina”). Sin embargo también soy consciente que, con la posición actual de buena parte de los uruguayos en la que los protagonistas principales son los sectores radicales del Frente Amplio, ello no deja de ser una aspiración tan bien intencionada como ingenua.

Los verdaderos intentos de reconciliación y superación de los enfrentamientos ocurridos ya hace más de medio siglo han venido siempre de una parte. La de los uruguayos que no han querido nunca perder la Democracia y tampoco lo quieren ahora. Tal vez el grueso de esta columna lo integremos aquellos que no atentamos contra esa Democracia, que no matamos, que no secuestramos, que no torturamos ni desaparecimos a nadie. Tal vez seamos privilegiados porque es cómodo hablar de democracia cuando unos que no somos nosotros ponen el pellejo para destruirla y otros para defenderla.

Sin embargo, recobrada la Democracia en 1985, en los sucesivos gobiernos se fue complaciente con quienes se creen viejos combatientes o herederos de aquellos sediciosos que intentaron,  pero no pudieron, instalar aquí un totalitarismo al estilo cubano.

Se dictaron leyes de “reparación” para un solo lado hasta que, después de 50 años, se pudo aprobar una ley de reparación a las otras víctimas (“de grupos armados y organizados con fines políticos o ideológicos”) aunque con el voto negativo del Frente Amplio, en una actitud mezquina y miserable.

O sea que, desde el primer gobierno democrático después de la dictadura, se trató de llevar al país por el camino de La Paz y la Reconciliación. Durante esos años y los que siguieron los grupos radicales de izquierda no cesaron en su sed de revancha. Cuando asumió, el Presidente Jorge Batlle hizo un intento de buscar una solución que terminara con ese enfrentamiento permanente a través de la Comisión para La Paz, organismo integrado en forma plural, que trató de oficializar un informe final que fuera aceptado por todos. También se dio intervención al Parlamento, se estableció la declaración de ausencia para los desaparecidos y siguieron las “reparaciones” que continuamos pagando todos actualmente. Nada fue suficiente. 

Siempre flechando la cancha se pretendió dejar sin efecto la Ley de Caducidad y el pueblo soberano en dos oportunidades dijo que no, mostrando su hastío y disposición para seguir adelante dejando de mirar hacia atrás.

Siguieron las marchas, las reclamaciones y, cuando no, las acusaciones de complicidad hacia los gobiernos colorados y blancos.

La animadversión hacia cualquier uniforme, la instalación de un relato mentiroso, el adoctrinamiento en la Educación, el progresivo copamiento ideológico de la Fiscalía y el Poder Judicial. Todo esto, lejos de retrotraerse se profundizó. El último intento de la resistencia armada fue el episodio del Hospital Filtró defendiendo etarras prófugos y oponiéndose al funcionamiento del Poder Judicial uruguayo.

Como dice Agustín Laje, los políticos que no son de izquierda creyeron que la Política era Economía y se pasaron años haciendo cuentas mientras que la izquierda se pasó años haciendo cuentos.

Así comenzamos perdiendo la Batalla Cultural pero no debemos perder la Guerra Cultural.

Todo se agudizó con la llegada del Frente Amplio al Gobierno Nacional. Una desastrosa gestión donde se tomó al Estado por asalto hizo que , cuando pasó el viento de cola internacional, se empezara a notar la mala administración que siempre los ha caracterizado, la descomposición institucional de la Universidad, la prepotencia de los sindicatos, la penetración de los medios de comunicación, el aprovechamiento de su mayoría circunstancial en el Parlamento aprobando leyes inconstitucionales, que así fueron declaradas por la SCJ o infames y mentirosas como la que declara un accionar ilegítimo del Estado en 1968, en pleno régimen democrático o la que derogó la llamada Ley de Caducidad, pasándole por encima a dos pronunciamientos del pueblo soberano.

Los actos de corrupción ya conocidos, la defensa de las dictaduras venezolana y cubana, el accionar político ya sin pudor y desembozado del PIT-CNT, los actos reivindicatorios de las “hazañas” tupamaras como el asalto de Pando, el flechaje del canal oficial estatal y ni que hablar del municipal de Montevideo. 

La siembra del odio entre sexos al haberles fracasado la lucha de clases, el aumento desbocado de la delincuencia (a la que siempre han considerado aliada porque precariza el goce de la propiedad privada a la que odian) y que comenzó con aquella soltada indiscriminada de presos por el ex Ministro José Diaz.

Nunca un reconocimiento de la responsabilidad sediciosa en el golpe de estado, nunca una disculpa por los muertos, secuestrados, torturados e inválidos que dejó la frustrada “revolución” 

Y así han seguido. Desde que perdieron las elecciones en 2019 nada han cambiado. Complotaron desde el primer momento, trataron de aprovechar la pandemia pidiendo encepar a la gente, inventaron saturación de los CTI, especularon con las vacunas, ¡caceroleando!. Se montaron luego en la sequía que afectó el suministro de agua a la zona metropolitana por culpa de ellos que se gastaron todo “como marinero borracho” pero no hicieron ninguna obra importante para evitar ese problema. Intentaron derogar la LUC que sólo trajo beneficios y ninguno de los desastres que ellos mintieron durante toda una campaña. 

No le han reconocido nada al Gobierno actual, nada. En su visión fanática todo está mal. 

Ahora van por la destrucción del sistema previsional. No quieren las AFAP’s. No quieren que los uruguayos sean dueños de sus fondos de pensión. Quieren apoderarse de ellos como hicieron los kirchneristas, sus amigos y aliados.

Pedirles reconciliación a estos fanáticos es perder el tiempo. Autoflagelarse y creer que el asumir errores propios hará que ellos también lo hagan es una inocentada buenuda.

El único camino es seguir convenciendo, seguir dejando en evidencia las ideas fracasadas en todo tiempo y lugar del socialismo y el comunismo, seguir abriendo cabezas para que abandonen la ceguera ideológica y comiencen a actuar con pragmatismo. Aunque patriotismo sea una palabra para algunos devaluada se trata de eso, de que a la patria le vaya bien para que me vaya bien a mí.

Hay que ir por los que han sido frenteamplistas moderados y hoy se han quedado sin ningún poder y son instrumento de la “barra”.

Los radicales seguirán en su postura, nada los hará cambiar. No retrocederán ni un “tranco de pollo” como pidió la candidata Cosse hace poco. Sólo queda arrinconarlos y abandonar los discursos pusilánimes y las medias tintas

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