Política nacional

“Respondiéndole a Carlitos González”

El paso de un partido al otro

Jorge Nelson Chagas Fausto

Mi buen amigo batllista Carlitos González tiene una peculiaridad: es muy, pero muy pícaro.  Y me lanzó un guante en mi muro de Facebook para que haga alguna reflexión sobre los motivos que han llevado a varios políticos de todos los partidos a cambiar de bando.  Bien…no puedo escurrir el bulto y recojo el guante.

Él ubica estos episodios principalmente en la década del ’60 del siglo XX pero, creo, que son rastreables más atrás en el tiempo. Por ejemplo, Fructuoso Rivera le envió una carta a Manuel Oribe, en plena Guerra Grande, planteándole crear una “cucarda nacional” que terminara con el enfrentamiento entre las divisas.  Si aceptamos que Rivera es el fundador del Partido Colorado ahí vemos como en un momento determinado estuvo dispuesto a renunciar a su divisa, aliarse con Oribe y crear un nuevo bando político que uniera a todos los orientales.

Ya en el siglo XX está el caso de Emilio Frugoni, que empezó siendo anarquista, luego derivo hacia el batllismo de la mano de su amigo Pedro Manini Ríos y tras participar en la guerra civil de 1904, hizo su profesión de fe socialista.  (No es en absoluto casual que en 1905 se presentara electoralmente en coalición con el batllismo y que concibiera al PS como un “partido picana” que azuzaba al reformismo batllista).

Ahora bien, ¿influyó en los años ’60 la Revolución Cubana en estos cambios de partido? Mi humilde opinión es que, en algunos sectores de los partidos tradicionales, sí. Pero no fue algo masivo. Estoy pensando, por ejemplo, en Ariel Collazo comenzó en el herrerismo pero, tras su visita a Cuba en 1960, abandona el lema nacionalista y funda el Movimiento Revolucionario Oriental (MRO). O está el caso de la Unión Popular (UP), que implicó la alianza del PS liderado por Vivían Trías con el herrerista Enrique Erro, al que se le sumaron exruralistas como Alberto Methol Ferré, entre otros. Por cierto, imposible soslayar el Frente Izquierda de Liberación (FIDEL) que agrupó a comunistas,  integrantes de la  Agrupación Batllista «Avanzar» de Montevideo y del Movimiento Batllista “26 de Octubre” y  a Luis Pedro Bonavita que provenía del nacionalismo.

¿Las motivaciones? A mi entender son, fundamentalmente, ideológicas. Existió la idea – real o imaginaria- que los partidos tradicionales no eran capaces de resolver la endémica crisis que azotó al Uruguay desde 1955.

Sin dudas que la formación del Frente Amplio en 1971 fue más impactante en cuanto a los “cambios de bando” partidarios, por la relevancia de sus protagonistas: Liber Seregni, Zelmar Michelini y Alba Roballo (batllistas), Francisco Rodríguez Camusso y José Torres Wilson (nacionalistas), entre otros tantos. Si se presta atención a los escritos de la época es muy persistente la referencia al “agotamiento de los partidos tradicionales” o el fin de la dicotomía “colorados y blancos” y la necesidad de crear una nueva herramienta política para impulsar los cambios.

Pero… hay en este proceso idas y vueltas. Un ejemplo fascinante es el caso de la lista 99 que tras comenzar como una disidencia al quincismo de Luis Batlle, se fue volcando hacia la izquierda más radical a partir de 1972 (donde tuvo puntos de contacto con el MLN y la izquierda “ultra” no frentista), en 1984 se inclina al socialismo democrático y finalmente, retorna en 1994 al Partido Colorado.  Francisco Rodríguez Camusso es un caso particular: primero militó en filas de la UBD, luego pasó al Frente Amplio donde integró una alianza electoral con el Partido Comunista, después en los ’90 retornó al Partido Nacional pero, en el balotage de 1999, apoyó a Tabaré Vázquez.

Merecería un estudio aparte aquellos políticos colorados y blancos que se volcaron, recientemente, a las filas de Cabildo Abierto.

Los momentos de crisis socioeconómica, polarización, descontento ciudadano y/o confusión ideológica, parecen propicios para algunos políticos entiendan conveniente abandonar sus lemas partidarios y unirse a otros espacios del espectro político. ¿Es simplemente una cuestión ideológica? Yo creo que sí, en gran parte. También puede influir el convencimiento que dentro de sus colectividades ya no tienen lugar porque sus ideas chocan con las priman o bien, desilusiones ante presuntas fallas de orden ético o moral.  Puede que exista una combinación de todas esas cosas. En fin…no sé si he respondido correctamente lo que me pidió Carlitos González pero, al menos, eso he intentado hacerlo con serieda

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