Municipalismo

Vandalizan monumentos

Marcelo Gioscia Civitate

La reciente noticia del robo de parte de una escultura de bronce en una plaza pública de la ciudad de Florida, que fuera donada por el gobierno de Italia hace casi 60 años, denunciada por los responsables de Espacios Públicos del Gobierno Departamental del mismo nombre, nos llena de un sabor amargo. La pérdida de valores -que se advierte en nuestra sociedad en general y no sólo en el interior de nuestro país- queda de manifiesto cada vez que un monumento es mutilado o sencillamente sustraído del espacio donde fuera colocado. Ello debe interpelarnos, ya que las piezas de bronce de la naturaleza que sean, objeto de ese hurto, conformaban una obra de arte que contiene en sí misma un símbolo y con ello, brindaba un mensaje que tiene relación nada menos que con nuestra civilización.

No son sólo objetos ornamentales, o simples adornos de los que se despoja a nuestras ciudades por ese conjunto de inadaptados que nada respetan. Se trata de bienes culturales, que embellecen los espacios de todos, que no sólo enriquecen nuestros espacios públicos, sino que constituyen testimonios de un conjunto de valores humanos, que a través del tiempo perduran. Esto no es cosa menor, pues hacen a nuestra cultura y tienen en sí mismos, un estrecho vínculo con el entramado de las diversas colectividades de inmigrantes, que conforman nada menos que nuestra identidad nacional. En el caso que motiva nuestra opinión, Rómulo y Remo quedaron sin Luperca, la loba de origen etrusco que según la leyenda los amamantara antes de que tuvieran la fuerza como para fundar Roma, la Ciudad Eterna. Sabido es, por los amantes de la Historia del Arte que, las figuras de estos niños le fueron colocados a la antigua escultura, recién en el Siglo XVI pero, desde entonces se le tiene como un símbolo no sólo de la mítica fundación, sino de la italianidad toda. Lamentable es comprobar la indiferencia, cuando no la desidia que existe en esta materia, evidentemente el hurto del objeto de bronce tendría un reducidor que lo transforma en dinero y lo adquiere al peso. Cabe preguntarse: qué ocurre con los controles que debieran realizarse por la autoridad, de este mundo de “compraventa de metales” a los que se llevan este tipo de objetos, que generalmente no se recuperan? Así han desaparecido timbres, números, letras, medallones, partes de espadas, partes de esculturas, cuando no todo el objeto de bronce que ha sido “vandalizado”, sin que al parecer, a nadie llame la atención. Los espacios públicos quedan entonces huérfanos de este tipo de expresiones artísticas, que debieran respetarse por todo lo que significan, más allá de su peso en el metal que sea. El daño causado a la sociedad en su conjunto es muy difícil de medir, pero tanto la sustracción como el enchastre de la obra, habla muy mal de nuestro colectivo, en suma del común de la gente, a quien se le brinda la posibilidad de disfrutar de un espacio público que confiera armonía y belleza en un lugar de esparcimiento. Espacio que por otra parte, la autoridad departamental tiene la obligación de preservar, embellecer y mejorar, en beneficio de los habitantes de nuestros centros poblados, en sus respectivas jurisdicciones.    

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