40 años de democracia:
entre lo sustancial y lo trivial
Daniel Manduré
Unos días pasados el 1º de marzo, cuando la espuma va lentamente bajando, la efervescencia del momento comienza a dar lugar a la calma podemos ver las cosas con más claridad. No podrán hacerse más especulaciones de lo que podría pasar ni pronósticos de ningún tipo, ahora es tiempo de gobernar. Ya no caben promesas. Ahora hay que concretar. Mucho leímos, vimos y escuchamos estos últimos días. Un puñado de sentimientos mezclados estaban a flor de piel, alegrías, esperanzas, sueños, recuerdos, decepción, frustración, desilusión. Esos estados de ánimo naturales, los que el ser humano no puede ocultar, aunque quiera.
Se observó de todo, como en botica, desde lo que aporta, suma y enriquece hasta lo más superficial y trivial. Las primeras son la sustancia, las segundas tal vez tengan reservado un mejor lugar en los programas de chimentos de la vecina orilla.
Una fecha histórica, 40 años de democracia ininterrumpida no podemos centrarlos en si es apropiado el estilo del vestuario de la vicepresidente, el color de su indumentaria, debatir si nos resultan más o menos exageradas las gesticulaciones de la esposa del novel presidente, que desde el balcón del Palacio Estévez exteriorizaba su alegría, dedicarse a abuchear al presidente saliente o centrarse en adonde y con quien va de viaje el presidente que acaba de finalizar su gestión.
Si bien esas cosas, nos agraden o no, también forma parte de la libertad que otorga la democracia, de la libertad de expresarnos, no es la sustancia. No es lo importante, no es lo que enriquece, ni lo que aporta. Ni las compartimos.
Un nuevo presidente asumió el 1º de marzo, nuestro adversario político, lo quiero repetir, nuestro adversario, no, nuestro enemigo. Claramente, no es lo que queríamos. El pueblo hablò y ante eso nada. Nuestro respeto y suerte al nuevo presidente. Porque de su gestión depende el bienestar de la república.
Tuvo el 1º de marzo Yamandù Orsi un discurso de buen tono, moderado, correcto, con reconocimiento al rol fundamental de los partidos políticos y a los expresidentes, a los presentes y a los que ya no estaban. Tuvo en el debe poca mención a lo que iba a hacer en cada área de la vida del país. Habrá que esperar para eso.
Todos tenemos algo para festejar, aún en la derrota de las urnas. 40 años ininterrumpidos de democracia, la democracia más plena de la región y dentro de las 15 del mundo. Eso no es producto de la casualidad o la suerte. Es el resultado de la tarea de muchos que contribuyeron en todos estos años al fortalecimiento institucional, del rol decidido y comprometido de los partidos políticos y del apoyo de una sociedad que sabe que solo un estado democrático y de libertad es posible para el logro del bienestar común.
40 años de democracia, desde 1985 donde se vivieron momentos de suma fragilidad e incertidumbre institucional, que el presidente Sanguinetti supo con su “Cambio en Paz” lograr revertir y a partir de allí y hasta el presente logramos llegar a ser una democracia plena, con un proceso electoral transparente, partidos políticos fuertes, pluralismo, libertad de expresión.
Pero no nos podemos distraer ni un minuto, la democracia en la región esta siendo acechada. El deterioro de la democracia en América Latina es evidente, en algunos casos con ausencia total. Donde no hay libertad de expresión, el autoritarismo es moneda corriente, el populismo va asfixiando la libertad, con una degradación institucional importante, violación de los derechos humanos, presos políticos, sin división de poderes e incluso con elecciones fraudulentas.
La democracia es una construcción constante, cuidarla y fortalecerla es responsabilidad de todos.
Insistimos, siempre hay algo para festejar, 40 años de democracia no es poca cosa, aun cuando nuestros adversarios ideológicos hayan ganado en las urnas.
Que el gobierno gobierne que la oposición con responsabilidad controle y aporte.
Sabiendo que lo que importa es continuar protegiendo la democracia, que seamos todos los días un poco más libres, donde la justicia social, la tolerancia, el respeto por la opinión del otro, el bienestar común, en especial el de los más desprotegidos sea el objetivo. Lo demás aporta poco, es trivial y frívolo.