Política nacional

La dictadura de lo políticamente correcto

Daniel MaNDURÉ

La dictadura de lo políticamente correcto está allí, agazapada, esperando. De una forma más sutil que en el pasado, pero como otrora, promoviendo la censura y atentando contra la libertad de expresión.

Retiremos del repertorio de la banda municipal el tema “Azuquita pa’l café” gritaron algunas voces por tierras maragatas, porque “refuerza estereotipos machistas”

Con ese razonamiento eliminemos entonces a Los Beatles porque en algunos de sus temas promovería la violencia sexual, en “Run for Your Life” la letra dice: “…preferiría verte muerta niña, que con otro hombre”.

Eliminemos a Jimmy Hendrix que en “Hey Joe” y a Bruce Springsteen que en “Outlaw Pete” fueron acusados de hacer apología del delito.

También a Guns N’ Roses que en “Used to Love her” expresa:” solía amarla, pero tuve que matarla, tuve que enterrarla seis pies bajo tierra y aún puedo oír como se queja”. Axl Rose al frente de esa legendaria banda fue aún más lejos y cantaba también: “inmigrantes y maricones no tienen sentido para mí, vienen a nuestro país y creen que harán lo que les plazca…”

Hagamos desaparecer temas de Alfredo Zitarrosa por decir: “…cuando una mujer sale buena no hay plata con que pagarle, pero cuando sale mala, no hay palo con que pegarle”

A “Cocaine” de Eric Clapton que para algunos es una apología a la droga.

A Edmundo Rivero que en su milonga “Amablemente” relata que un hombre al llegar a su casa encontró a su mujer con otro. Ni se inmutó, tranquilamente, le pidió al hombre que se vaya y a su mujer que le alcanzara sus zapatillas y le cebara unos mates. Luego le besò la frente y “amablemente” le fajó 34 puñaladas.

Ya que estamos hagamos desaparecer a Luis Miguel por decir: “…te vas porque yo quiero que te vayas, a la hora que yo quiero te detengo, porque quieras o no yo soy tu dueño”

Ni que hablar de Cacho Castaña y su: “si te agarro con otro te mato, te doy una paliza y después me escapo”

O la bachata de Romeo Santos al decir “no te asombres si un día entro a tu cuarto y nuevamente te hago mía, no te hagas la loca, eso muy bien ya lo sabías”.

Se le han cancelado conciertos a bandas de heavy metal por “blasfemas” y porque sus interpretaciones posen contenido satánico.

La musicóloga española Laura Viñuela armó un gran alboroto en su país al decir que los temas de Sabina son “tan machistas y por lo tanto tan peligrosos como las de otro género sobre cuyo sexismo hay consenso general, caso reggaeton. Mereció la respuesta de Arturo Pérez Reverte diciéndole: “es una idiota peligrosa o una lista sin escrúpulos”.

Lo políticamente correcto parece querer inundarlo todo: además de censurar canciones, también pretenden reescribir la historia, eliminar textos literarios, modificar clásicos infantiles, prohibir legendarias piezas cinematográficas, castrar el humor, hasta intentar destrozar el lenguaje.

Con un inicio de buenas intenciones la corrección política terminó viajando a extremos inesperados al que algunos llaman: la cultura de la cancelación.

Parados en un pedestal, convencidos de que la verdad les pertenece y sintiéndose poseedores de una moral superior nos dicen que está bien y que no lo está. Creen que somos idiotas y pretenden elegir por nosotros. En nombre de una igualdad que tiene poco de igualdad y mucho de tiranía.

Llevar a los empujones al que piensa diferente. Cercenar la libertad de expresión. Intenta hacer desaparecer o reescribir determinados eventos históricos. Pero el pasado no se puede borrar, está allí, con luces y sombras, con injusticias y causas justas, con abominables genocidios y con grandes proezas, luchando por la igualdad o plagadas de discriminación. No podemos mantener a unas y borrar otras, todas forman parte de esa historia, de ellas aprendemos y nos enriquecemos.

Ese tribunal inquisidor que en momentos de corrección política censura las diversas manifestaciones artísticas.

La corrección política se ha salido de control, intenta formatear mentes, someter al individuo, reprimir, limitar, imponer el miedo, recortar libertades. En resumen, es una censura perversa.

Los que pretenden indicarnos lo que decir y como decirlo, lo que escribir y como escribirlo y hasta lo que leer o lo que escuchar.

Un día nos enteramos de que el libro infantil “La bella durmiente” es ofensivo por culpa del beso no consentido de un “abusivo” príncipe.

Que el libro “Matar al ruiseñor” de Harper Lee es prohibido por “lenguaje incómodo” o que las famosas aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain se censuran en algunas aulas americanas por utilizar palabras ofensivas y reiterados términos de contenido racista.

Han llegado a suprimir insultos o referencias étnicas en novelas de Agatha Christie. Han eliminado palabras o frases consideradas ofensivas y discriminatorias de las obras de Roald Dahl, “Charlie y la fábrica de chocolate” y de “Matilda”. La palabra gordo se sustituye por enorme y se elimina la palabra feo.

Dejemos solo lo que sea correcto, nada que nos incomode puede permanecer, nada con lo que discrepar, por más que eso, me haga pensar. Hagamos desaparecer todo lo que podamos, escondamos el resto.

Que desaparezcan las películas de guerra, que solo sobrevivan las que hablen de paz. Lo sentimos mucho Clarke Gable, no te retuerzas en la tumba, pero la galardonada “Lo que el viento se llevó” no corre más, es racista.

Luchar por la igualdad de derechos es imprescindible, esas batallas que hay que librar a diario y a las que me sumo. Siempre desde la razón, la tolerancia, sentido común y sobre todo, con las más amplias libertades. Nunca desde posturas extremas hacia los que algunos colectivos pretenden llevarnos.

Ese mismo tribunal censor que condenó a Cavani por una imperdonable falta, que, en mensaje personal, le envía un saludo a su amigo con un “execrable” “Gracias negrito”

Aristóteles decía que las palabras sirven para señalar lo justo y lo injusto, lo conveniente y lo nocivo pero que es el ser humano a diferencia de los animales, quien tiene la capacidad de distinguir y separar lo bueno de lo malo.

Somos nosotros, los seres humanos, nuestra capacidad de discernimiento, nuestro razonamiento y sentido común quien al fin y al cabo decide, que le gusta y que descarta.

Las diferentes expresiones artísticas no la hacen los extraterrestres en la estratosfera, la hacen los seres humanos con sus talentos y también con sus debilidades, en un determinado momento histórico, en un determinado contexto social y geográfico y condicionados por el mundo que los rodea.

No todo nos va a gustar, ni todo lo vamos a compartir, pero las diferencias no se solucionan con censuras o prohibiciones. Siempre debe primar la libertad.

La creación literaria o cualquier otra manifestación artística nos puede gustar o no, puede ir a contramano de lo que pensamos, incluso en algún caso puede llegar a molestar o herirnos, pero no tiene que ser manipulada, censurada o criminalizada.

Es el hombre que, con sus capacidades, desde su razón, valores y libertad elige, él y solo él tiene el derecho a decidir que consume, que escucha o que lee.

Hoy la mordaza es más sutil, pero existe. El argumento es combatir el discurso de odio, pero lo que hacen es terminar fomentándolo.

El reconocido director Pedro Almodóvar señalaba con tristeza que el mundo estaba viviendo una dictadura de lo políticamente correcto y que el peor de sus efectos era la autocensura, porque limita la creatividad el tener que estar pensando si al crear estamos molestando a alguien. Siempre va a haber alguien que no le gusta lo que hacemos y está bien, eso es el pensamiento libre. 

Se podrá sacar las palabras consideradas ofensivas.  Aunque cambien palabras o eliminen otras.  Aunque Cavani para no ser sancionado no pueda usar, en una charla con su amigo la palabra “negrito”. Aunque eliminen las 34 puñaladas de la milonga de Edmundo Rivero.  Aunque, como dice Pérez Reverte, los 7 enanitos de Blancanieves pasen a ser, las siete personas de crecimiento inadecuado. Aunque haya una nueva versión de la bella durmiente donde el príncipe despierte a la dama y pida autorización para el beso. Aunque se nos quiera hacer escribir con @, x o con la e.

Aunque todo eso se dé, seguirá el racismo, la homofobia, la violencia, el machismo o el consumo de drogas.

Porque la manipulación o prohibición de las diferentes manifestaciones artísticas no son la forma de atacar estos males.

Por ese camino nada cambiará, lo que si lograrán es, que después de ello, todos seremos un poco menos libres.

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