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Navegando en la tormenta

Fátima Barrutta

Diversas coyunturas internacionales ponen al país en una situación vulnerable desde el punto de vista económico.

No hace falta consignar el impacto negativo que ocasionó la pandemia desde el 13 de marzo de 2020 hasta hace escasos meses.

Para complicarla, la cruenta invasión rusa a Ucrania está incrementando los precios de la energía y los alimentos y ahora nomás, la crisis sanitaria en la ciudad china de Shangai, con una férrea cuarentena obligatoria, genera un bloqueo logístico que impacta duramente en el comercio internacional.

Es un combo perverso que encarece costos de energía, alimentos y todo tipo de productos, perjudicando fuertemente la economía global. Porque es bien sabido que la interdependencia comercial influye en todos en mayor o menor medida; no hay países autosuficientes, y menos aún puede serlo un mercado de pequeñas proporciones como el nuestro.

En ese marco, debemos acostumbrarnos a navegar en la tormenta (¡vaya si los uruguayos tenemos experiencia en esa lucha!).

La previsibilidad no está de nuestro lado, y si bien el gobierno de coalición supo capear la crisis de la pandemia, dando ejemplo al mundo de eficiencia en la política sanitaria, ahora debe manejarse con una cautela acorde a la dinámica vertiginosa de los hechos.

No hay duda de que la decisión del gobierno de mantener ciertos alimentos exonerados de IVA y definir aumentos de salarios y pasividades, es demostrativa de que la recuperación económica sigue al firme, con un aumento sustancial en el nivel de empleo (se han anunciado 50 mil nuevos puestos de trabajo) y la lenta pero segura recuperación del turismo, entre otras áreas de actividad en franco crecimiento.

Esta realidad no fue reconocida por algunos economistas ortodoxos, que salieron a censurar las medidas adoptadas, recibiendo la contestación clara y experta de Isaac Alfie: están dadas las condiciones para tomarlas, sin arriesgar efectos económicos adversos.

Pero mientras para algunos de estos economistas, los aumentos propuestos son arriesgados, para el opositor Frente Amplio no son suficientes. Y en tal sentido concurrieron a la Torre Ejecutiva con un documento que propone un paquete de medidas francamente maximalistas.

Es gracioso que los mismos expertos que cuestionaron a la OPP por sus medidas mesuradas y seguras, no salgan ahora a denunciar la increíble sinrazón de la propuesta del FA.

Cada vez que se pretende eliminar el impuesto a un producto, debe tenerse una clara previsión de cuánto va a costar eso. Alegremente proponen abaratar una extensa lista de productos, sin explicar de dónde saldrán los recursos para tapar el agujero fiscal resultante.

Saben muy bien (porque gobernaron el país durante 15 años) que las medidas demagógicas se pagan con más endeudamiento, y que más endeudamiento compromete al país a perder un grado inversor que es vital para la salud macroeconómica. Pero parece que no les importa.

El expresidente Julio María Sanguinetti bien ha dicho que la propuesta del FA es “un discurso para la tribuna”.

No es políticamente responsable proponer un disparate semejante como el congelamiento del precio del combustible ¡hasta fin de año!, como si el aumento del precio internacional del petróleo, sacudido por la guerra en Ucrania, pudiera ser evitado con un simple paro del Pit-Cnt…

Es doloroso percatarse de la irrealidad en que vive la principal fuerza opositora del país, que entre sus filas tiene a economistas de fuste, hoy limitados a justificar tanto dislate con comentarios vagos y contradictorios. Si como ironizaba en estos días  el editorial del diario El País, el FA apunta a un discurso que promete que las calles sean en bajada y haya canillas de leche en las esquinas, lo más seguro es que seguirá perdiendo credibilidad entre la ciudadanía, hoy muy bien informada de la crisis económica que acecha al mundo

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